¡Levántate, vieja Europa!

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En los últimos días, distintos colegas, periodistas y estudiantes al pendiente de la actualidad internacional manifestaron conmigo su inquietud y curiosidad acerca de las “elecciones europeas” que van a tener lugar este mes de mayo. Efectivamente, el próximo día 25 se renovarán los diputados que componen el Parlamento Europeo – única institución europea directamente elegida por los ciudadanos – con sede en la ciudad francesa de Estrasburgo. ¿De qué se trata realmente?

Para entender los alcances de dicha votación, es necesario no dejarse llevar por los términos engañosos que se manejan tradicionalmente respecto al tema. Primero que nada, si bien se escogen ese día a los representantes de los ciudadanos europeos, es menester precisar que los elegidos no gozan de los mismos poderes que tradicionalmente tienen los representantes de una cámara de diputados nacionales. En efecto, el papel del Parlamento Europeo es en gran parte subordinado a las decisiones que toman los verdaderos poderosos de la Unión Europea: los jefes de Estados y los miembros de la Comisión Europea (CE). Asimismo, los también llamados “Eurodiputados” no tienen poder de proponer reglamentación o leyes. En este rubro también son los Comisarios de la CE que llevan la batuta. En realidad, el único poder fuerte que tendrá el futuro Parlamento es aceptar, modificar o rechazar lo que se le presenta y nada más; siendo el nombramiento de los miembros de la Comisión (el privilegio de escoger sus amos, dirán algunos…) y el presupuesto plurianual de la Unión las dos principales decisiones en las que pueden opinar los diputados europeos. Muy raquítica potestad para una institución que pretende representar al conjunto de los ciudadanos europeos…

¿Cómo ubicar esta votación en el contexto de la mayor crisis económica de la historia que enfrenta la UE? Desgraciadamente vimos que detrás del oficialismo que nos las pintó como un mal necesario, las grandes decisiones de los últimos años para tratar de remediar a las dificultades de la Unión han sido tomadas de forma poco democrática. Hace por lo menos una década que los dirigentes europeos en su conjunto les dieron la espalda a los pueblos europeos; desde que concertaron el oligárquico Tratado de Lisboa entre ellos, a pesar del claro rechazo popular por referéndums de un proyecto similar un par de años antes. 

No solamente se dejó por completo fuera de la jugada a las poblaciones, pero ni siquiera los estados miembros fueron tomados en cuenta a la hora de decidir las políticas de austeridad y regateo de un bienestar social que caracterizaba a Europa en los ojos del resto del planeta. Básicamente, los decisores fueron Alemania y su canciller Merkel, secundada por los presidentes franceses Sarkozy y Hollande; juntos con los dirigentes de las instituciones financieras europeas (el Banco Central Europeo que administra el Euro) e internacionales (el Fondo Monetario Internacional).

En este contexto, lo más probable es que esta elección no modifique absolutamente nada del equilibrio de poderes en la Unión Europea. Lo relevante podría encontrarse en los resultados obtenidos por los partidos “Euro-escépticos” (contestatarios): nacionalistas, anticapitalistas y favorables a otro funcionamiento de la Unión en general. Estos son los que probablemente materializarán el rechazo de esta Europa institucionalizada en función de los intereses de los mismos que pusieron sus miembros más débiles al borde de la quiebra: la oligarquía financiera internacional.

Por lo tanto, estas elecciones son de primer interés para quien realmente no quiere ver morir el sueño europeo que Víctor Hugo expresaba en 1849: En el siglo XX habrá una nación extraordinaria (…) ilustre, rica, poderosa, culta, pacífica para el resto de la Humanidad… ella se llamará Europa y en los siglos siguientes, más aún transfigurará la Humanidad. 

Ahora en el siglo XXI necesitamos una nueva narrativa de esta Unión de 28 países que funciona de manera confusa y sin legitimidad. Precisamos seguir creando este lugar que incluya la expresión de la diversidad de las voces de nuestras identidades. Para que siga vigente el modelo europeo de civilización es necesario recuperar el sueño de los precursores de la Unión, hoy sacrificado en el altar del mercado para que se levante esta Europa que tanto tiene que ofrecer al mundo en términos de Paz, Estado de Derecho, multipolaridad, inversión, educación, prosperidad y derechos humanos; so pena de perder definitivamente la formidable atracción de la que – me consta – todavía goza la envejecida Europa en el mundo actual.

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Foto Schuman

“Declaración del ministro francés de Asuntos Exteriores Robert Schuman, pronunciada el 9 de mayo de 1950, en la que anuncia la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). Este texto está considerado como la partida de nacimiento de la Unión Europea.”

 

http://www.robert-schuman.eu/es/doc/questions-d-europe/qe-204-es.pdf

 

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De las tensiones a una nueva amistad

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A los 50 años de la visita del presidente francés Charles De Gaulle a México, pero mucho más impopular que él y envuelto en escándalos chismoso-mediáticos por sus múltiples mujeres, el actual presidente François Hollande ha de haber sentido su visita de estado a nuestro país como una enorme bocanada de aire fresco. Aparecía como compadre de toda la vida de un Peña Nieto que le regaló la misma sonrisa que a Obama o Castro; esta vez frente a las pirámides de Teotihuacán. “La mano dans la mano” (sic), “el corazón con el corazón” y “la palpitación del sentimento” (sic) son algunas de las arriesgadas expresiones que se aventuró a articular Hollande para celebrar la amistad renaciente.

Ni las presiones de su ex pareja, Valérie Trierweiler, para que tomara parte a favor de Maude Versini en el pleito familiar que ha tenido sobre la custodia de sus hijos con el poderoso Arturo Montiel (tío de Peña Nieto que ha sido involucrado en múltiples escándalos de corrupción), ha logrado envenenar la relación entre los dos mandatarios, que aparecieron inseparables y abrazados en la “Ciudad de los Dioses”. Es cierto, el “asunto Versini” ha estado presente a lo largo de su visita, pero Hollande llegó a nuestro país con primera necesidad de darle vuelta a la página negativa que se inició en los tiempos de Sarkozy y Calderón (el simple nombre de Florence Cassez quedó grabado en el inconsciente colectivo – para bien o para mal – de la gran mayoría de los mexicanos), y no para iniciar otra tensión diplomática.   

 Con esta amistad balbuciente, y como consecuencia lógica del mejoramiento de la relación, la gira de Hollande concluyó con convenios de cooperación y con contratos firmados en sectores de interés para ambos países (energía, turismo, aeronáutica; recordemos que en Francia se encuentra la sede de Airbus, el competidor europeo de Boeing); a la imagen del contrato de 1700 millones de pesos que anunció el especialista en transportes y energía Alstom, o del convenio en materia de telecomunicaciones espaciales por satélites firmado entre la Agencia Espacial Mexicana y su contraparte francesa.

Esperemos ahora que esta visita permita realmente establecer las bases para una cooperación y de una prosperidad compartida, como no dudaron en anunciarlo los medios franceses, todos ditirámbicos sobre las expectativas que esta visita levantó. Tanto TF1, la principal televisora del país, que RTL, la principal radio; así como la gran mayoría de la prensa francesa (Le MondeLe Nouvel Observateur o Les Échossubrayaron las grandes oportunidades que ofrece México para las empresas e industrias francesas (mano de obra calificada y barata; ubicación estratégica; compromiso firme con el libre comercio internacional). Dicho sea de paso, esto confirma también la innegable habilidad política de Peña Nieto para reinstalar a México en un protagonismo internacional lentamente disuelto a lo largo de 12 años de panismo.

En este contexto, los sectores más dinámicos de México, como la manufactura automotriz, son muy atractivos para los constructores de vehículos franceses como Renault y Peugeot. De su lado, Francia puede representar una puerta de salida nueva para el comercio exterior mexicano, enredado en su dependencia directa del vecino estadounidense que nunca trajo el bienestar prometido desde hace 20 años. Obviamente, el interés de Peña Nieto va mucho más allá del país galo, pues México tiene mucho que ganar en estrechar toda la relación estratégica con la Unión Europea.

¿La nueva amistad declarada; otra declaración de intenciones o giro real de diplomacia bilateral? El tiempo nos lo dirá. Ojalá los acuerdos firmados, desde los intercambios estudiantiles hasta los contratos comerciales, no se queden simplemente en el tintero. La próxima precisión de las “reformas” de “modernización y apertura” (según dijo Hollande) de Peña Nieto permitirá sin duda clarificar el panorama de oportunidades reales para los países extranjeros, empezando por el sector energético.

Siguiente encuentro: el 14 de julio 2015 en París, con un Peña Nieto nada menos que invitado de honor de la conmemoración de la Revolución Francesa. ¿Qué tal esto? Cuando les digo que el presidente mexicano tiene pericia para establecer lazos de amistad…

 

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Gas shale, ¿infierno ecológico o prodigalidad económica?

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En las últimas semanas, se ha hablado mucho del uso del “fracking” (fracturación hidráulica para extraer un nuevo tipo de gas, el gas “shale”) en el Noreste de México debido a los terremotos provocados aparentemente por dicha práctica. Esto ha dado lugar a un debate muy polémico entre los defensores de un supuesto “modernismo” y los eternos sospechosos respecto al poder del capital económico que siempre vela más por sus intereses en detrimento de los de la comunidad.

En Europa, esta nueva forma de extraer energía también causa en la actualidad conflictos entre expertos de todas tendencias, desde los mandatados por las empresas privadas para sacar estudios a su favor, hasta investigaciones pro ecologistas denunciando rotundamente los daños ecológicos y sísmicos del gas shale. Incluso hay quienes ponen en tela de juicio la profesada rentabilidad económica del sistema.

Al saber que México contaría con una de las mayores reservas mundiales de gas shale (once veces más que las de gas natural, según la Secretaría de Energía) en Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas y Veracruz principalmente, se entiende mejor el por qué se busca atraer inversión extranjera para extraer este posible tesoro profundamente enterrado en el subsuelo.

Lo curioso es que tanto en Coahuila el año pasado como ahora en Nuevo León, el pico de actividad sísmica corresponde al impulso de estas actividades, aunque juran las autoridades que ambos fenómenos no tienen correlación alguna. En cambio, en los Estados Unidos, los Servicios Geológicos se preocuparon desde hace mucho por tal suceso y sin mucho margen de error, afirmaron que la relación entre “actividades humanas” y actividad sísmica era “casi indudable”.  

En lo personal, entiendo y hasta cierto punto comparto las críticas de los oponentes al fracking, pues creo legítimo preguntarse qué es lo que llevó el Estado mexicano a declararlo base del futuro desarrollo energético del país. Está bien que sigamos constantemente el ejemplo del vecino del Norte, que usa con cierta rentabilidad económica esta nueva energía desde hace varios años; sin embargo, no podemos sesgarnos a la muy probable contaminación del manto freático que podría inducir. De hecho, en un Simposio organizado sobre el tema por el oficialismo mexicano y sus contrapartes estadounidenses hace un par de años, resultó llamativo que solamente al final se mencionaron los “problemas medioambientales”.

En Europa también se dividen ecologistas, políticos y economistas, entre los que piensan que ahí se encuentra una nueva fuente de prosperidad y otro que gritan al espejismo y al cortoplacismo. El año pasado, el Parlamento Europeo pidió la “prohibición total” del fracking en ciertas zonas. Países como Francia y Bulgaria lo vetaron en todo su territorio, pero las presiones de las empresas causan estragos; y estas encuentran ecos positivos en las capitales que desean reducir su dependencia energética del exterior, aunque se haga a costa del medioambiente. Así es que Dinamarca, Reino Unido, Rumania o Polonia están llevando a cabo un proyecto de exploración (para determinar primero el tamaño de sus reservas).

La Comisión Europea autorizó también la extracción de este tipo de gas, a la condición de respetar el medioambiente; es decir que las empresas explotadores deberán demostrar que sus actividades no provocan “la liberación de ningún contaminante en el manto freático”. Cabe recalcar también que Janez Potocnik, el Comisario europeo al Medioambiente, recomienda transparencia e información al público sobre los químicos usados durante la fracturación del suelo.

A pesar de estas tímidas precauciones, en Europa y más aún en México, creo que faltan claras e inequívocas reglas jurídicas para proteger a las poblaciones y el medioambiente de los posibles riesgos. Emitir recomendaciones no es suficiente; tenemos que respetar el principio de precaución ante un fenómeno aún desconocido. No podemos seguir acabándonos el planeta como – no temo decirlo – lo hacen los Estados Unidos; que si bien llevaron a cabo una evolución energética positiva en términos geopolíticos, sigue siendo un desastre ecológico. Si lo dudan, vean el documental “Gasland” en el que se ve claramente como el agua de la llave de las zonas afectadas… ¡se prende con un simple encendedor! Y todo esto por el sinfín de químicos que lleva. E incluso en lo económico, el impacto positivo de disminución de su factura energética lo sintieron las industrias estadounidenses pero no los consumidores. Ni siquiera los 500 mil pozos existentes han tenido un impacto fuerte sobre el crecimiento del PIB, y el Instituto para el Desarrollo Sustentable y de Relaciones Internacionales (IDDRI) de París calcula que no lo tendrán tampoco en el futuro próximo.

Sé que es difícil negarse a una fuente potencial de alta producción de energía, pero déjenme decirles que con esto no vamos a ninguna parte porque este gas shale, como cualquier energía fósil, también se acabará tarde que temprano… La Comisión Europea, con su mensaje de “sí me preocupa mucho el bienestar de la gente y el medioambiente pero no puedo dejar pasar tan buena oportunidad” no termina de decidirse cuando se sabe que existen otras opciones. ¿Cuáles son estas soluciones entonces? Las tenemos claramente identificadas, pero falta un montón de valor político para ponerlas en práctica: me refiero a las energías renovables (y limpias por definición). Los defensores del fracking argumentan que se crearon cientos de miles de empleos en Estados Unidos. Pero ¿cuántos no se crearían con una política eficaz de innovación energética? En todo este enredo ético-económico-ambiental, una posición inspiradora – aunque probablemente imperfecta – podría ser la de Alemania, quien anteriormente ya había decidido de abandonar a corto plazo la energía nuclear. Ahora, y después de oponerse durante mucho tiempo al fracking, planea permitirlo pero bajo estrictas condiciones; mientras sigue a la par su camino hacia la transición energética y la economía verde.

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Ucrania y la democracia palidecida

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¿Qué no se ha dicho sobre la situación en Ucrania? ¡Mucho! Es cierto que la cobertura de la crisis ucraniana en los medios mexicanos e internacionales ha sido importante en cuanto a tiempo y número de líneas dedicadas al tema, pero la gran mayoría de los comentarios se vieron sesgados por el único punto de vista que parece ser válido: el “nuestro”, el occidental.

Definitivamente no se trata de absolver al presidente ruso Vladimir Putin o el ex presidente ucraniano Yanukovich de sus probables responsabilidades en la muerte de manifestantes, pero sencillamente creo que para comprender, informar y opinar sobre un conflicto, es necesario aprehender el tema bajo todos los ángulos pertinentes posibles.

El primer problema que le encontré a la cobertura mediática es que pocos medios rindieron cuenta de la división fuerte que existe dentro de la misma población ucraniana. El gobierno mexicano expresó su “profunda preocupación” por la situación en Ucrania y no es para menos, de tan compleja que es la situación. Simplemente, ¿cómo comprender realmente lo que está sucediendo actualmente en este país del este de Europa si la mayoría de los medios “informan” únicamente con generalidades,  simplificaciones o banalidades? Mucho énfasis se le ha puesto a las manifestaciones “a favor de un acercamiento con la Unión Europea” (UE) pero poco se mostró de las demostraciones de cariño y de la voluntad de ser rusos de buena parte de la población. Nombrar a todos los manifestantes como “pro-europeos” es una farsa mediática resultante de la formación indigente de ciertos periodistas, a menos que sea una estrategia de engaño deliberada de las opiniones públicas.

Creo firmemente que una condición previa al buen desarrollo de la democracia es el equilibrio en la información y la equidad entre todos los ciudadanos. Por esto denuncio la visión simplista con la que tanto he chocado en las últimas semanas y según la cual los “buenos” serían los pro-occidentales y los “malos” los pro-rusos. Estaríamos negando la existencia misma de identidades si solo viéramos este conflicto por el prisma de nuestra realidad.

Es cierto, organizar un referéndum fantoche y apresurado en una Crimea ocupada militarmente por Rusia y sin control internacional es una burla al Estado de derecho.  Pero la posición estratégica de Rusia es más compleja que simplemente “un país que quiere conquistar a sus vecinos”. Recordemos que los rusos son una nación histórica ávida de recobrar su importancia geopolítica pasada y que han sufrido un sinfín de humillaciones desde la implosión de la Unión Soviética en 1991. Asimismo, aceptaron pacíficamente – cabe subrayarlo porque no había ningún seguro de que así iba a suceder – que su antigua zona de influencia (Europa del Este) integrara la Unión Europea y la mismísima OTAN, organización de protección político-militar dominada por Estados Unidos y que llega ahora hasta las fronteras inmediatas de Rusia con los países bálticos (Lituania, Estonia, Letonia).

El hecho que los medios masivos compartan las mismas fuentes originales de información explica en gran parte esta parcialidad, pues una parte no despreciable de los periodistas que relatan los eventos europeos no van más allá de una vil repetición sin reflexión de los comunicados de las grandes agencias de prensa (Reuters, AFP etc.), ya que “así funciona” el acceso a la información internacional.

Esto dicho, sirva el presente espacio para corregir unas inexactitudes que se repiten demasiado a mi gusto en los medios informativos, incluyendo a las redes sociales.

Primera aclaración: el ahora ex presidente Yanukovich fue elegido democráticamente y gozaba de la prerrogativa de decidir de las orientaciones estratégicas de su país. Si él prefería un tratado con Rusia a un acuerdo de asociación política con la UE, independientemente de la razón (la corrupción y el puente de oro que sin duda iba a llevarse él personalmente), era conforme al derecho nacional e internacional. Al contrario, el que ahora firmó las bases para llegar a tal acuerdo, el actual Primer ministro Yatseniuk, no goza en mi opinión de la legitimidad suficiente para tomar este tipo de decisiones. Si bien entiendo la necesidad urgente que tenía Kiev por acercarse a la UE, me pregunto si no pudiera haber dejado tan importante decisión para el próximo presidente, elegido en mayo del presente año. En efecto, a Yatseniuk, ¿quién lo eligió? Definitivamente no el pueblo y no representa más que algunos intereses.

También fallaron los medios en su interpretación de las manifestaciones de Kiev. ¿Acaso piensan realmente que la población (bueno, la parte no instrumentalizada) iba a pasar días y noches a arriesgar su salud – y en cierto casos su vida – para defender un acuerdo esencialmente comercial de su país con la UE? No, la verdadera razón de este hartazgo es la corrupción percibida en las élites y los oligarcas que dominan la economía nacional; situación que se traduce en carencias socioeconómicas tremendas para la población. Pocos noticieros explicaron que Ucrania enfrente crisis mucho más fuertes que sus vecinos inmediatos, y que por ejemplo, el salario promedio ni siquiera alcanza la mitad del de Bielorrusia.

Ahí, lo curioso es ver que cuando se menciona a aquellos oligarcas que saquean al país y casi no pagan impuestos a pesar de tener ganancias multimillonarias en dólares escondidas en paraísos fiscales, solo se alude a los cercanos al corrupto Yanukovich. Es impresionante constatar que los oligarcas “pro-occidentales” no son considerados como un problema, pues ellos son “buenos ucranianos enamorados de su patria” (entiéndase “que no van a caer en las tentaciones rusas”).

Por último, se menciona con frecuencia la supuesta “dependencia” europea al suministro energético por parte de Rusia. Es cierto y no se puede negar que algunos países de los más importantes geopolíticamente hablando, como Alemania, surten casi un tercio de su consumo con el productor ruso. Pero no olvidemos que la cuestión energética es casi siempre un arma de doble filo: ¿qué pasa si un vendedor deja de vender sus productos? Es innegable que afecta a sus clientes habituales, pero él también se encuentra en un serio problema, pues tiene la necesidad absoluta de encontrar nuevos clientes para evitar una crisis de sobreproducción, la caída del mercado etc. ¿Por qué cree que a pesar de las múltiples tensiones y amenazas entre Venezuela y los Estados Unidos, entre Irán y el Occidente, o durante la misma Guerra Fría y ahora en los episodios de tensiones con Rusia, se ha cortado tan pocas veces el suministro de petróleo y gas? Sin olvidar en el caso presente que esta dependencia funciona en ambos sentidos: Rusia no produce mucho más que gas, petróleo, armas y … vodka; situación que le obliga a importar más de la mitad de sus productos de consumo común… ¡de la Unión Europea!

Repito, lejos de mi la idea de rehabilitar a Yanukovich o al autócrata Putin, pero definitivamente, ni Europa ni los Estados Unidos pueden erigirse como los modelos de ética y de respeto al derecho internacional que ahora pretenden ser. Me pareció urgente establecer este punto que muy pocos medios se atrevieron a hacer.

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Un ménage à trois tenebroso

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El pasado mes de febrero en la cumbre de Toluca se celebró / conmemoró / festejó (usted escogerá el término más adecuado según su grado de emoción respecto al evento) los 20 años del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) que entró en vigor en 1994. Mucha agua ha fluido bajo el puente del idealismo liberal que animaba en aquel entonces a Georges Bush padre y Carlos Salinas de Gortari, cuando en sus respectivos cargos de presidentes de los Estados Unidos y de México anunciaban “el renacimiento (…) de la águila mexicana” (Bush) y la “nueva grandeza mexicana” (Salinas).

20 años después, Barack Obama, Stephen Harper y Enrique Peña Nieto intentaron otra vez convencernos de las virtudes de un tratado sobrevendido desde hace ya mucho tiempo. En efecto, ni los empleos anunciados, ni el empujón hacia un mejor nivel de desarrollo humano de nuestro país se produjeron. Perfecto ejemplo de una sociedad imperfecta, el crecimiento en las inversiones y el comercio trilateral nunca volvieron realidad la prometida prosperidad. Por cierto, temo que otra vez el oficialismo esté “cacareando pero no poniendo huevo” hoy en día con la reforma energética. El antecedente del TLCAN nos otorga el derecho a no creerle nada a la propaganda presidencial actual que promete “crear nuevos empleos” y “bajar los precios de la luz y del gas”.

Al final de los noventas, México intentó fortalecer otra vez el desarrollo del país y diversificar su comercio exterior para no depender tanto de los Estados Unidos por medio de un acuerdo de libre comercio y de cooperación con la Unión Europea, que ofreció nuevas perspectivas al mercado nacional. Se preveía una explosión del comercio mexicano en el Viejo Continente; a la vez que los europeos se felicitaban de así poder penetrar más fácilmente el mercado norteamericano, estableciendo un ménage à trois hecho de intereses comunes y rivalidades entre los Estados Unidos, México y la Unión Europea. Sin embargo, nada de lo esperado sucedió y el comercio trasatlántico apenas creció de manera poco espectacular en ciertos sectores.

Ahora los Estados Unidos y la Unión Europea están negociando secretamente su Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) que pudiera establecer una relación directa entre los dos gigantes que juntos representan más de la mitad de la riqueza mundial; lo que amenazaría con perjudicar de frente al comercio exterior mexicano. Consciente del riesgo, el ejecutivo mexicano intentó profundizar el TLCAN, a pesar del obvio rechazo de la idea por parte de sus supuestos socios, quienes prefieren orientar sus esfuerzos en concretizar un acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) entre una docena de naciones – asiáticas principalmente. La competencia será ruda para México, que se verá muy amenazado en su rol de plataforma comercial entre Europa y América del Norte.  

Si México era una prioridad de la política exterior estadounidense dos décadas atrás y hasta 2001, queda claro ahora que nuestros vecinos-socios del Norte ven más hacia ambas orillas del Pacífico y del Atlántico que al Sur del Rio Grande. Y viendo fríamente dónde están sus intereses, no se les puede echar la culpa, pues los países asiáticos representan unos de los grandes mercados del siglo XXI, de los cuales además Europa está casi ausente y donde Estados Unidos podría instalarse duraderamente.

En estas consumidas relaciones trilaterales, México como Europa podrían encontrar un interés en común en defender las negociaciones multilaterales en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para no perder pie en el comercio mundial. Sin embargo, la relativa debilidad estadounidense, que ya no se encuentra con la fuerza necesaria para someter el sistema comercial mundial a sus reglas, hace parecer poco probable este escenario. ¿Qué posibilidades existen para México? Son varias; desde un acercamiento con países a características similares en Suramérica hasta una colaboración estrecha con China como lo desea el presidente Peña Nieto, pasando – ¿por qué no? – por un reforzamiento de los lazos con la Unión Europea, pues ya existe un Tratado muy completo entre las dos partes. Solo falta voluntad política y políticas públicas de incentivo a los actores de la “economía real” para pasar del acuerdo intergubernamental a la práctica comercial. 

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Los negocios a pesar de todo

 

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Según la muy influyente revista Forbes, el mejor país para invertir hoy en día, y más generalmente para hacer negocio, es Irlanda. El país europeo, que históricamente había sido uno de los más pobres del continente, constituye en este sentido un remarcable ejemplo de recuperación económica, pues atravesó una tremenda crisis en 2007 provocada por el reventón de su burbuja inmobiliaria. El país céltico tuvo en aquel tiempo que aceptar un plan de rescate de los gobiernos europeos para evitar la bancarrota de su sistema financiero. La pregunta que el observador atento haría ante dicha situación sería naturalmente: ¿Cómo puede ser considerado como mejor lugar para invertir un país tan recientemente al borde de la quiebra? La interrogación podría incluso hacerse extensa a muchos otros casos europeos, pues en la lista que publica anualmente Forbes, doce otros países europeos ocupan los primeros veinte lugares.

Parece entonces que “crisis” no ha sido sinónimo de “ambiente negativo para los negocios” en Irlanda, pues si bien las medidas de fuerte austeridad que se adoptaron desde 2007 les pegaron duro a cientos de miles de ciudadanos, no afectaron más que esto a las grandes empresas presentes en el país. Dicho con otras palabras, mientras se regateaba en toda Europa el Estado benefactor, perjudicando el bienestar social y económico de los individuos, se hizo todo para captar y proteger las inversiones, así como disminuir al máximo los impuestos para las empresas; exactamente lo contrario de lo que se le exigieron a las poblaciones.

¿Cómo no va a ser atractiva Irlanda si su tasa impositiva es de apenas 12.5% para las empresas; pero que en realidad se sabe que constituye un paraíso fiscal en el que empresas como Apple lograron no pagar más de… 2% de impuestos? Otras compañías aprovecharon las generosidades de Irlanda, como LinkedIn, Twitter y Facebook; transformando la isla en la sede europea de numerosas transnacionales. Agréguele a esto que el “costo del trabajo” – entiéndase “los sueldos” – disminuyeron casi de un 20% desde 2008 (verdadera cachetada social para una mano de obra aparte extremadamente calificada), y entenderán sin pena la explicación de cómo se puede ser un país atractivo para las inversiones en tiempos de fuerte crisis social.

Obviamente, los que podrían tener otro punto de vista sobre este país… ¡Son los irlandeses! Mientras la Bolsa de su país registró ganancias promedias de 44% en un año, ellos se empobrecieron, pues sus bienes inmobiliarios ya no valen ni la mitad de lo que valían hace 6 años. Además, no solamente “se desapareció” una quinta parte de sus salarios, sino que también surgieron impuestos (hasta un 41% de sus ingresos)…

Claro, la inversión extranjera es en teoría beneficiosa para esta misma población, porque proporciona fuentes de trabajo. No obstante, el alto desempleo que conoce el país (estructuralmente arriba de 10%) sólo fragilizó la situación laboral de los trabajadores, pues las empresas antes mencionadas ejercen presión sobre sus empleados, dejándoles claro que “hay mucha gente competente afuera que espera una oportunidad”. 

¿Y México en esto? Ocupa, así como el año pasado, el lugar 63 sobre 145 países calificados por Forbes. Indudablemente, el país tiene fuertes argumentos a su favor para captar inversiones: libre comercio con Estados Unidos y Canadá, bajo costo de mano de obra, mercado laboral ultra-flexibilizado, estabilidad macroeconómica… Pero además de la falta de transparencia y de la corrupción endémica que parecen consubstanciales a nuestro país, se tiene ahora que lidiar con una imagen internacional desastrosa, por mucho que nos quieran hacer tragar lo contrario sus actuales dirigentes.

La imagen internacional que ofrece México para el mundo empresarial determina la confianza de los actores mercantiles; confianza que ocupa un lugar preponderante en economía. Situaciones como la actual en Michoacán influyen negativamente – y duraderamente, creo yo – las decisiones de los que podrían invertir en nuestro país. Recordemos, por ejemplo, como en su momento el fabricante europeo de helicópteros Eurocopter decidió modificar sus planes de construcción de planta en Monterrey (llevándose más de 10 mil empleos) en razón de la fuerte inseguridad en Nuevo León que generó un clima de inestabilidad para los negocios; y entenderemos la importancia capital de generar en nuestro país un escenario propicio para negocios serenos. Si no, ni los megaplanes de rescate financiero como el que anunció el gobierno federal para Michoacán la semana pasada podrán hacer nada.

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