Austeridad vs. Crecimiento


El que sus oponentes apodaban “Flanby” (en referencia a una famosa marca francesa de flanes) por su tibieza y su blandura, o que comparaban con un osito cariñosito por su supuesta ingenuidad, provocó un cambio de paradigma en el trato de la crisis que azota el continente europeo y especialmente los países del Sur desde hace cuatro años.

En efecto, François Hollande, recién elegido presidente de la república francesa, expresó su voluntad de suavizar el pacto de austeridad económica firmado en diciembre del año pasado por 25 de los 27 miembros de la Unión Europea, y de matizarlo con medidas estimulantes del consumo y del crecimiento económico.

En este sentido, la aparición en el escenario político continental de François Hollande representa un símbolo de esperanza para la gente que sufre de las durísimas políticas de rigor fiscal y presupuestal que amenazan hoy la supervivencia de muchos ciudadanos europeos.

Antes de la elección francesa, el tándem que componían el ahora ex-presidente galo Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel administraba a su antojo los remedios a los países enfermos, siguiendo una sola línea muy “germánica”; la del más estricto rigor económico y financiero. Disminución del gasto público, reducción de las prestaciones sociales, depreciación de los salarios y aumento de los impuestos fueron parte de las medidas impuestas a los países necesitados (se habla mucho de Grecia, pero también fue el caso de Irlanda, Italia, Islandia, España, Estonia…). En fin, se indujo un severo estrechamiento del Estado benefactor.

A primera vista, lo decidido a nivel europeo en aquel entonces podría parecer lógico. ¿Cómo va a seguir gastando alguien si tiene enormes deudas?, ¿un recorte de los gastos no sería entonces “de sentido común” como lo justificaba Angela Merkel? Aparte, ¿no es normal que el prestamista imponga sus propias condiciones al deudor? Durante los últimos dos años, nadie puso realmente en tela de juicio ese razonamiento.

Sin embargo esto ya cambió, y era deseable. Si bien para una persona física, la austeridad puede ser una virtud fuente de orgullo; para un Estado, la austeridad macroeconómica a costa de la sobrevivencia de los más débiles implica consecuencias dramáticas, tal como lo expresaron los pueblos por medio de violentas protestas fomentadas por el coraje y la desesperación de los que ya no tienen ni para las necesidades básicas de sus familias.

La cura impuesta como remedio a la crisis resultó peor que la enfermedad. Las decisiones fueron totalmente deshumanizadas, basándose únicamente sobre datos cifrados fríos, y haciendo totalmente a un lado las bases humanistas que siempre han animado el proyecto europeo.

No es de sorprenderse que en estas condiciones haya llegado un partido neonazi al 7% de los votos en Grecia. Esa presentación de la austeridad como única solución viable solo puede reforzar los extremismos nacionalistas que alejan toda perspectiva de una integración europea real, poniendo en riesgo la existencia misma de la Unión Europea y su más obvia realización: el Euro como moneda única.

¿Es la austeridad el único remedio y hasta dónde tiene que ir? ¿Es necesario asfixiar de tal forma ciudadanos que en gran parte no son responsables del caos financiero de sus países? ¿No existe una otra vía más justa? Las interrogaciones acerca de la justicia y de la obligación de la austeridad empezaron a invadir las discusiones europeas.

A tal punto que cuando antes Alemania y Francia imponían casi sin oposición los planes de rescate austeros a sus colegas europeos; ahora se levantaron muchas voces para pedir medidas menos brutales para los ciudadanos que sufren a diario de los recortes de todo tipo.

Ahora, con la aceptación del “paradigma Hollande” de resolución de la crisis en la última Cumbre de dirigentes europeos durante la penúltima semana de mayo, se ofrecen distintas perspectivas a las poblaciones. La estimulación del crecimiento para crear riquezas, y así reducir los montos astronómicos de las deudas de los países mediterráneos principalmente, aparece como alternativa a la estricta observancia de la austeridad.

Dicho con otras palabras, en lugar de únicamente reducir los gastos de los Estados de forma obstinada, se propuso estimular los ingresos de los actores europeos para sanar sus finanzas públicas. Y eso cambió radicalmente el equilibrio del poder de decisión en Europa.

Presenciamos un cambio de visión, ya que ahora todos los principales actores reconocen que la extrema austeridad preconizada anteriormente debe ser matizada por medidas de reactivación de la economía que permitan a los pueblos salir del ahogo en el que se encuentran. Así fue que en el transcurso del mes de mayo, los dirigentes de Italia, Bélgica, Luxemburgo, Holanda, Dinamarca, del Banco Central Europeo, de la Comisión Europea, del Fondo Monetario Internacional y hasta de… ¡Alemania! reconocieron la necesidad de impulsar el crecimiento económico de los países en dificultad.

Sin embargo, falta ponerse de acuerdo sobre el “cómo”, pues un gran desacuerdo sobre las medidas que deben ser tomadas divide ahora a los Europeos. Y es así, que el próximo Consejo Europeo del mes de junio tendrá como objetivo principal llegar a un consenso.

Por el momento, y aunque parecen simplistas y poco realistas, lo importante es que las recetas de Hollande fueron pronunciadas y que abrieron el debate sobre la austeridad. Ya quedó demostrado que la austeridad por sí sola no es la solución y en que es ineludible estimular el crecimiento.

Ahora, el desafío consiste en promover reformas estructurales – como uniformizar las políticas fiscales de la Eurozona, usar los fondos estructurales existentes para grandes proyectos industriales, fomentar el acceso al primer empleo de los jóvenes, luchar contra el trabajo ilegal, promover la educación y la investigación, facilitar el acceso de las Pymes al crédito, invertir en infraestructuras (…) – sin profundizar los déficits, ya que los presupuestos de los Estados no se lo permiten. Pero nada de esto podrá hacerse realidad sin consenso y sin el acuerdo de Angela Merkel, quien detiene las llaves del éxito, ya que el apoyo de Alemania – única economía realmente fuerte del continente – es vital para el triunfo de cualquier proyecto. Hollande ya dio una muestra de buena voluntad, al designar el moderado – y germanófono – Jean-Marc Ayrault como primer ministro, y alejar del gabinete la izquierdista más radical Martine Aubry. Pronto veremos si el eje germano-francés logra así entenderse.

En todo caso, es de alegrarse que se haya abandonado el camino de la austeridad ortodoxa que solo provoca dramas sociales y más contracción de las economías. El nuevo “sentido común” es ahora de equilibrar los planes de rescate con medidas que suavicen su impacto sobre las poblaciones.

No obstante, el crecimiento económico no se genera por pura voluntad. Esperemos entonces que se logre un acuerdo justo para evitar un desastre humano. Desde luego que las reformas no darán frutos en semanas, ni siquiera en meses, pero son necesarias para que los pueblos sigan creyendo en el proyecto europeo.

Philippe Stoesslé
philippe.stoessle@hotmail.com

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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2 respuestas a Austeridad vs. Crecimiento

  1. Jaime Montfort dijo:

    Muchas felicidades por tu blog. Tu aportación es bien acertada… A lo mejor no vengo al caso pero el titulo me recuerda lo que dijo el papa Jean XXIII sobre el concilio: “Una bocanada de aire fresco para la Iglesia”

  2. Elena GG dijo:

    Profesor que agradable sorpresa ver este post. Además de sorprenderme su español académico, me sorprende también lo parecido de esta situación con la situación latinoamericana de hace algunas décadas. Si al post le quitara los países europeos y le pusiera los nombres de Chile, México, Argentina y Brasil, me recuerda a las políticas económicas y la ideología que se impuso en estos países hace ya más de tres décadas, pero aquí no hubo ni hay un proyecto latinoamericano.
    El proyecto europeo…….. creo que a pesar de la situación actual tiene muchas ventajas para los países pequeños, los proyectos de infraestructura, la visión de región y los tintes humanistas. Habrá que poner especial atención en los mecanismos para regular el gasto de estos países pequeños.

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