Felices gobiernos, pobres pueblos


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Lejos de solucionarse, la crisis europea se agudizó y provocó un grave conflicto social que se expandió en las calles de las principales ciudades del continente. Desempleados y trabajadores, jóvenes y jubilados, ricos, clase media y baja – todos inconformes de alguna manera – salieron a la calle para expresar su rechazo al dumping social impuesto por los gobiernos en respuesta a la crisis. Italia, Portugal, Polonia, Grecia, Alemania, Francia, España presentaron medidas de estricta austeridad para el año 2013, llevando estos pueblos a un estrangulamiento fiscal y laboral difícil de soportar para la mayoría, que de por sí le es difícil respirar.

No recuerdo tal solidaridad europea de la calle desde la oposición a la Guerra en Irak de Bush. ¿Por el mismo resultado? En aquel entonces (2003), los gobiernos inglés y español hicieron totalmente caso omiso a su pueblo que reclamaba en la calle no participar a la invasión del país medio oriental.

La diferencia entre ambas olas de protestas es que en las últimas semanas, se volvieron diarias (o más seguido: ¡6 manifestaciones por día en promedio en Madrid!). Los manifestantes se habían quedado hasta ahora relativamente calmados; ya no es el caso. Negocios cerrados, tiendas clausuradas, transportes públicos suspendidos… Todo el mundo se prepara a los enfrentamientos con la policía. Las manifestaciones pacíficas dejaron lugar a huelgas generales nacionales, que en muchos casos provocaron lesionados reprimidos por las fuerzas de policías (60 lesionado en una sola protesta en Madrid hace unos días). Se notaron también escenas surrealistas como en Grecia, ¡donde se opusieron policías manifestantes a policías en función!

Yo me pregunto hasta qué punto – o qué drama – se tendrá que llegar para que estas protestas sean escuchadas en las más altas cúpulas de la troïka europea – Banco Central Europeo, Unión Europea, Fondo Monetario Internacional –  que hoy en día impone las políticas de rigor a los gobiernos. Parece que le están totalmente insensibles a los pedidos de los ciudadanos de la calle; que de hecho no piden necesariamente un cambio de rumbo drástico, pero simplemente aplazamiento y mesura en la austeridad, con el fin de humanizar el esfuerzo nacional exigido en cada país afectado. Cómo lo dijo el presidente de Portugal: “Los sacrificios tienen que tener algún sentido”, y hasta ahorita la gente simplemente no le encuentra sentido a lo que se le ha pedido: sufrir y aguantar. En general, ningún gobierno hizo muestra de gran originalidad en su respuesta a la crisis social; todos atienden las recomendaciones de la Unión Europea o del poderoso gobierno alemán, pero ninguno escucha la calle y se conforman con mandar a sus fuerzas policíacas.

Y es esta sensación de colusión entre poderes facticios que molesta en Europa. Como decía un lema de los manifestantes en Madrid, “lo llaman democracia pero no lo es”. Recordemos por ejemplo que el director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue vicepresidente de la rama europea del banco americano Goldman Sachs, mismo banco que ayudó el gobierno griego a falsificar sus cuentas de tal manera que recibiera más dinero del que podía recibir…

Así es que ciertas voces se levantan para denunciar el comienzo de una dictadura de una nueva naturaleza, impuesta desde un nivel mucho más elevado que el de los gobiernos nacionales, y que se compone y defiende los intereses de la oligarquía económica y bancaria de las corporaciones mundiales, fuera de todo mecanismo de control. Los políticos se conforman con ser los intermediarios de la lógica del capital y reprimen lo que amenazaría directamente contra sus intereses. Así es que en Grecia, país de los recortes extremos para suprimir los “gastos innecesarios”, el gobierno sí encontró 30 millones de Euros (de dinero público, obviamente) para contribuir a la construcción de un circuito internacional automotriz con la esperanza de atraer algún día un “Grand Prix” de Formula 1 (cuando se sabe perfectamente que la organización de las Olimpiadas de 2004 minó las finanzas públicas del país).

Mientras tanto, en México, también salieron los inconformes a la calle para protestar fuerte e intensamente contra la Reforma Laboral. ¿Me preguntarán cuál es la relación entre una crisis económico-financiera europea manejada sin tomar en cuenta la vox populi y la reforma laboral nacional? Son muchos puntos en común según yo: el elitismo en el proceso de toma decisión, la ausencia de negociación con los principales afectados, la negación del derecho a opinar de los trabajadores a beneficio de los depositarios del poder económico. Se presentó una reforma profunda y de gran impacto sin discusión previa con la sociedad civil, los representantes de los trabajadores y de los pequeños empresarios, los académicos… en fin, los que serán directamente afectados por lo decidido y que podrían aportar y contribuir al debate.

Ahora bien, en el caso de la Reforma Laboral, no pretendo debatir la necesidad de la misma en este espacio, o si es adecuada o no para ganar en competitividad (aunque la misma CEPAL, organismo de la ONU encargado de la investigación económica para Latinoamérica, predijo que dicha reforma no creará ninguno empleo nuevo…); mi punto es subrayar la falta de justicia social y de repartición del esfuerzo que opera, tal como sucede en Europa con los sacrificios exigidos a las poblaciones.

En ambos casos me pregunto: ¿no sería normal que los primeros en mostrar el ejemplo fueran los dirigentes que tomaron estas decisiones? ¿Para ser más preciso, no sería normal y ético que un diputado que gane 150 mil pesos mensuales, más bonos, generosas prestaciones, regalos, gastos para oficinas, asesores, viajes (…) participe a esta solidaridad nacional para mejorar la competitividad del país, especialmente con una canasta básica cuyo precio se duplicó en 5 años? A modo de comparación, cabe recalcar que un eurodiputado gana “apenas” 6200 euros netos por mes (unos 100 mil pesos), por un costo de la vida, de los transportes y de funcionamiento general muy superior a lo que le puede costar a un diputado federal mexicano.

Así le hicieron en Grecia: aunque sigan viviendo mucho mejor que la población, disminuyeron significativamente los ingresos de sus diputados, suprimieron completamente los bonos, cancelaron el pago de un mes completo de sueldo… en total casi un 50% de reducción de sus ingresos totales. Entonces me pregunto, ¿para cuándo una « Reforma  Laboral » con periodo de prueba, pago por hora trabajada a los legisladores?

La ciudadanía está harta de que se le impongan reglas – llámese recortes presupuestales en Europa o Reforma Laboral en México – sin ser tomada en cuenta, ni en su opinión ni en sus intereses.  No puede ser que cuando sale a manifestarse un millón de personas en Portugal (¡el 10% de la población total!), no se le haga caso. Los hechos demuestran un grave déficit democrático. Ni en Europa, ni en México se debería reformar para lograr una mayor competitividad regateando la protección social de los trabajadores, especialmente cuando ésta está de por sí muy precaria… Y mucho menos en países que permitieron el fraude y la evasión fiscal generalizada.

Tanto los políticos como los poseedores del poder financiero deberían mostrar el ejemplo  de lo que exigen y solidarizarse con su base. Si hoy en día la gente está en la calle y radicaliza sus protestas en México como en Europa (y no solamente ahí: véase también los casos de Chile, Canadá, Japón…) es tanto para oponerse a la lógica bancaria del mundo – que cobra a los más humildes sus propios errores – que para protestar contra la falta de principios éticos en la función pública. Aquí como allá, la ciudadanía está cada vez más convencida que los “políticos” buscan servirse antes de servir la comunidad; lo cual agudiza la crisis de confianza que aleja el pueblo de sus dirigentes y los obliga a abandonar el voto – su única arma de protesta convencional – para agarrar otras vías de expresión más radicales.  

Si algún sacrificio es necesario para salir de la crisis europea (que no provocaron los trabajadores); si una mayor flexibilidad laboral es necesaria en México para incrementar la competitividad nacional; entonces debe aplicarse también a todos los funcionarios públicos y elegidos de la nación. Y no es demagógico decir esto; sería una buena forma de cooperar a recuperar no solamente las economías nacionales, pero también el vínculo fundamental de la confianza entre dirigentes y ciudadanos.

Y hablando de reforma, de crisis y de justicia social, ¿para cuándo la reforma fiscal que tanto necesita México para que todo el mundo participe como debería al esfuerzo de solidaridad fiscal nacional? ¿Sabía Usted que hoy en día, Guatemala, El Salvador y Honduras tienen una recaudación tributaria más eficiente que México?

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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