Deudas, fraudes y opacidad


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La cuestión del manejo responsable del erario público se comentó mucho en los últimos días. En Monterrey, se habló de la eventual contratación de un “broker”, un intermediario privado contratado por el Estado para reestructurar su deuda. También se denunció en el espacio público el caso de Tabasco, donde el nuevo gobernador Arturo Nuñez reportó un adeudo de 23 mil millones de pesos, cuando ni la mitad se reportó oficialmente a Hacienda. Sin embargo, pasó desapercibido que la agencia de notación Moody´s degradó la calificación de la deuda de Nuevo León, por culpa de sus profundos desequilibrios financieros.

Este tema no es “privilegio” mexicano, sino que también preocupa los países europeos, donde la ilusión de una prosperidad mutua y compartida entre vecinos sucumbió después de varios años de crisis de la deuda. De hecho, las encuestas demuestran que actualmente son minoría los que todavía creen que la Unión Europea (UE) tal como está contribuye a la bienandanza de sus habitantes.

Tristemente, existen numerosas similitudes entre el desencanto de los europeos y el de los mexicanos, así como los acontecimientos que provocaron esta incredulidad. Por ejemplo, los ya muy famosos asuntos de las deudas del estado de Coahuila y de Grecia contribuyeron a desacreditar las élites políticas, al ser casos de malversaciones financieras manifiestas que arriesgaron su propio sistema financiero y el de sus socios. Y en ambos casos, casi nadie sabe lo que pasó. Los responsables ocultaron la amplitud del desastre que provocaron ellos mismos, con la complicidad activa de bancos de negocios, como Goldman Sachs en Grecia que alentó a los dirigentes griegos a falsificar documentos para facilitar el acceso indebido a más recursos. En Atenas como en Saltillo, gastaron más de sus ingresos, contrataron prestamos multimillonarios, y sin reportarlo a las autoridades de control, ni especificar como iban a afectar los nuevos recursos. Desde luego, los bancos privados son quienes saborean ahora esta situación, con la perspectiva de altísimas tasas de intereses que cobraran durante muchos años. Todo esto, a costa de la ciudadanía, obviamente.

En el caso europeo, se puso bajo perfusión económica al país helénico, con varios rescates financieros de parte de la Unión para evitar la bancarrota. Sin embargo, el panorama se oscureció cuando los países encargados de resolver el problema enfrentaron ellos mismos graves dificultades económicas. En México, el riesgo ahora es que se agudice el fenómeno en otros estados en situación similar, como lo son Zacatecas, Nayarit, Chihuahua, Quintana Roo y por supuesto Nuevo León donde la deuda alcanza niveles record (más de 46 mil millones de pesos al final del 2012), obligando el gobierno federal – que sí manejó su deuda de forma más responsable – a respaldar a las entidades endeudadas por medio de los famosos “bonos cupón cero”. Según la Secretaría de Hacienda, 29 de los 32 estados tienen una deuda superior al 100% de sus ingresos anuales. El peor caso es indudablemente el de Coahuila, que cuenta con una deuda de más de 800% de sus ingresos. La deuda de Nuevo León, por su parte, representa el 430% de sus ingresos anuales, y el promedio nacional es de 270% de los ingresos estatales.

Llegó el momento de encender la alarma para que el problema no se haga más profundo. En efecto, la deuda de los estados – todavía – no representa un peligro para el sistema financiero del país, pero lo podría constituir en un futuro, ya que la tendencia al endeudamiento compulsivo es muy marcada en muchas de las entidades federativas: en apenas 4 años, el nivel de deuda de los estados se multiplicó por 4. La situación de los estados es sumamente preocupante en un contexto mundial de incertidumbre económica, especialmente si consideramos su débil capacidad recaudadora, el alto gasto operativo general de sus administraciones y las discutibles capacidades e intenciones de quienes manejan estas finanzas como si fuera dinero propio (cuando, recordaremos, se supone que es “público”, es decir de todos). 

Pero más allá de las responsabilidades individuales (en México como en Europa, todos los partidos políticos han sido culpables del endeudamiento descomedido), el manejo de las deudas representa un grave ejemplo de la falta total de transparencia de las entidades de gobierno, provocando que la gente se aleje de la política porque ya no cree en las instituciones manipuladas por los que las administran, quienes se las arreglan para nunca rendir cuenta de sus – malas – decisiones. ¡No puede ser que no se sepa con qué tasa de interés pide nuestro gobierno su deuda, ni cuánto cobran por ello los bancos prestadores!

Urge acrecentar los mecanismos de control y de transparencia de las decisiones tomadas por los dirigentes del poder ejecutivo, aumentando por ejemplo los poderes de control de las asambleas locales y transparentando los términos de contratación de las deudas estatales. Urge también tomar medidas para restablecer la credibilidad de los gobiernos y la confianza de sus administrados. En Europa, ya es tiempo de incrementar la legitimidad democrática de las instituciones, involucrando más el control ciudadano de las finanzas, dándole más poder al Parlamento Europeo (que aprueba o no el presupuesto). Asimismo, la UE contempla la creación de un “superministro” de las finanzas públicas con poder de supervisión de las finanzas nacionales, y sería bueno que la SHCP de México se involucrara también más en los asuntos estatales.

¿De qué forma lo podría hacer? Una posibilidad sería obligar los estados a condicionar las nuevas deudas a la generación de nuevos ingresos y al respeto de su obligación de invertir lo que se les presta en inversiones productivas, en lugar de gastar los préstamos en programas sociales que en muchos casos se asemejan más a redes de clientelismo político. Otra parte del problema es que México cuenta con una de las peores tasas de recaudación fiscal de toda América; por lo tanto se debe mejorar el cobro de los impuestos locales y asegurarse que cada quien pague lo que realmente debe, en lugar de crear nuevos impuestos o subir los existentes. Por último, es obvio que el estado debe tratar de reducir sus costos de operación y revisar realmente sus nóminas.

Las soluciones existen, y urge tomar medidas para que México no conozca una crisis de la deuda como la que atraviesa Europa, donde un país que representa apenas el 2% de la riqueza del continente (Grecia) provocó la más grave crisis de la historia de la Unión Europea.

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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2 respuestas a Deudas, fraudes y opacidad

  1. Cacalotl dijo:

    En même temps, quand on voit que les banques Santander et BBVA souffrent également de dettes colossales en Espagne, que les organismes financiers font tout pour que le quidam s’endette, il n’est pas étonnant de voir comment la situation mexicaine en particulier puisse provoquer quelques remous chez les agences (peu transparentes) de notation… Ce qu’il faut, c’est un gros changement d’éducation qui commence dès le plus jeune âge pour savoir comment gérer son argent, non ? C’est valable ici et chez nous également.

  2. Abril dijo:

    Supongo que tambien tendra que ver la cultura de un país y la corrupción que atraviesan.
    Excelente articulo.

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