Peña en Europa; ¿otra oportunidad fallida?


Image

Les propongo un pequeño reto: traten de encontrar en Internet una foto del presidente Peña Nieto junto con los dos personajes más importantes (por sus funciones) de la Unión Europea (UE): Herman Van Rompuy – presidente del Consejo Europeo – y Jose Manuel Barroso – presidente de la Comisión. Probablemente hallarán únicamente la fotografía del furtivo encuentro que tuvieron en enero pasado durante la cumbre Europa – América Latina en Chile. Más allá de este breve encuentro casi forzado, nada. Pero si al contrario buscan una imagen del presidente con el nuevo Papa, no batallarán nada para encontrarla.

¿A qué voy con esta comparación? Me pregunto si el presidente Peña Nieto no tendría una falta de interés por extender las relaciones institucionales con la UE. La pregunta es legítima a la vista del largo vuelo de once horas que sí pudo emprender para asistir a la misa de entronización del Papa en Roma, pero que no pudo aprovechar para viajar a Bruselas, centro del poder de la UE ubicado a apenas a dos horas del Vaticano. Muy apenas sostuvo Peña Nieto efímeros encuentros con los dirigentes europeos el día de la ceremonia religiosa en Roma y con Michael Higgins, el presidente irlandés que dejará de ocupar la dirigencia rotativa de la UE en tres meses.

El asunto se vuelve francamente alarmante si se considera que es la segunda vez en menos de un semestre que el mandatario viaja al Viejo Continente sin concertar cita con los dirigentes del primer bloque comercial del mundo. Recordemos que durante su última gira europea en octubre 2012, el entonces presidente electo había cancelado una visita prevista a Bruselas.

Este tipo de comportamiento explica fácilmente por qué México y la UE no profundizan su relación bilateral desde hace más de una década, a pesar de estar ligados por un tratado comúnmente denominado en la prensa nacional como “de libre comercio con la Unión Europea” (TLCUEM por sus siglas), pero que en realidad abarca mucho más que asuntos meramente comerciales.

Desgraciadamente, este atajo lingüístico de los periodistas refleja la falta de interés de los gobernantes mexicanos del inicio del siglo por todo lo que se aparta del comercio, de la finanza, de la productividad y de la competitividad. Aquí, cabe subrayar que el nombre real de este “tratado” es “Acuerdo de asociación económica, concertación política y cooperación”; más comúnmente denominado “Acuerdo Global” en los pasillos del Parlamento Europeo. Las palabras demuestran que se trata de mucho más que de un simple tratado de libre comercio. México tuvo el privilegio de ser el primer país latinoamericano en firmar un acuerdo de este tipo con la UE, lo cual explica las altas expectativas que se crearon en la firma de este texto en 1997. La diferencia que acabo de exponer no es únicamente semántica, sino que representa perfectamente la obsesión única por el desarrollo del comercio que han tenido los sucesivos actores institucionales, que dejaron a un lado el fantástico potencial de cooperación bilateral que instituye el acuerdo.

Lo peor es que durante este lapso, ni siquiera se profundizó mucho el comercio europeo-mexicano tan alabado. Las cifras muestran un ligero incremento del comercio bilateral, pero que no significa gran cosa en comparación con el potencial que tiene el acuerdo, como lo afirma la misma embajadora de la UE en México. Fuera de esto, se llevaron a cabo unos proyectos tecnológicos que beneficiaron de un financiamiento (limitado); y unos cientos de estudiantes mexicanos fueron a seguir sus estudios en Europa en los últimos años. Nada extraordinario.

En el aspecto político, las dos partes convinieron oficialmente de la necesidad de aliar crecimiento económico con desarrollo social, pero muy poco se hizo para aliar la palabra a la acción. El texto institucionalizó un diálogo político, pero nunca contribuyó a reforzar el multilateralismo en las organizaciones internacionales, ni a mejorar los problemas sociales de los país involucrados. Los grupos vulnerables a la liberalización masiva del comercio siguen siendo afectados, especialmente la docena de millones de indígenas que cuenta México, y las ONG siguen denunciando la situación de los derechos humanos en el país.

Si la relación bilateral se sigue basando casi exclusivamente sobre el comercio, jamás terminaremos con el desencuentro que aleja paulatinamente – y tal vez definitivamente – México de Europa. Esto por la simple razón que si de negocio se trata, es y seguirá siendo mucho más fácil para un empresario mexicano comerciar con Estados Unidos que con un continente alejado, de muchas lenguas y aún más culturas.

La ventaja competitiva incomparable que tiene Europa – ¿pero para cuánto tiempo aún? – sobre cualquier otro bloque regional es precisamente su enfoque para tratar de acompañar el comercio mundial con medidas de desarrollo tecnológico, industrial, cultural, informativo, energético, educativo y científico, ciudadano, jurídico, de salud y de seguridad (lucha contra el blanqueo de dinero y el tráfico de estupefacientes).

La amenaza es clara: una obsolescencia anticipada del Acuerdo y de la relación en general, dejándola en un lejano último lugar de las preocupaciones mexicanas, muy por detrás de la relación con los Estados Unidos y Latinoamérica. Si no queremos que los textos firmados queden como marcos vacíos, existen muchas y muy diversas medidas que se deberían tomar: desde aumentar los fondos de los programas de cooperación hasta mejorar el sistema de revalidación de títulos universitarios, pasando por una mejora del servicio al cliente, de la confiabilidad y de la imagen de México en Europa, para mencionar únicamente unos cuantos ejemplos.

Sin embargo, dos condiciones son imperativas para que la relación crezca en un futuro. La primera consiste en luchar contra la inseguridad que daña la imagen de México en Europa. Se habló mucho allá de la violación de las seis españolas en Acapulco, pero también del asesinato de un empresario belga en la misma ciudad o del crimen de un estudiante francés en Gómez Palacios. La segunda llave se encuentra en el voluntarismo político sin el cual no se puede esperar nada; en este ámbito resulta preocupante la ausencia de encuentros entre el mandatario mexicano y los dirigentes oficiales de la UE.

Anuncios

Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s