¿El libro en peligro de extinción?


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Triste realidad : la UNESCO ubica a México en el penúltimo lugar sobre 108 países respecto al índice de lectura de sus habitantes. Sólo un 2% de la población tendría el hábito permanente de leer…

Como docente de varias instituciones educativas en Nuevo León, me consta que el uso del libro como pasatiempo tiende a desaparecer. Los programas de literatura de las escuelas se hacen más ligeros; cuando antes se leían obras completas, ahora se estudian únicamente las “mejores páginas”, o textos breves tales como novelas cortas o cuentos. No es que estos estilos literarios sean malos, pero los estudiantes ya no tienen ni la disposición y la paciencia para leer, ni el reflejo de buscar en los libros, ni el gusto por hojear. Todo se busca en Internet, incluidos los resúmenes de obras. Rara vez veo en los campus de las grandes universidades de Monterrey gente con libros que no sean lecturas obligatorias de alguna clase. Eso sí, los estudiantes jugando con su teléfono « inteligente » son legión y no precisamente para consultar las bibliotecas digitales. Desgraciadamente, una gran mayoría de estudiante sólo consideran la lectura como una actividad digna cuando “sirve de algo”, es decir que sólo una concepción utilitarista es comúnmente aceptada (como para pasar exámenes).  

Asimismo, puedo afirmar sin mucho miedo a equivocarme que también en Europa existe una franja siempre más grande de la población que simplemente ya no lee. Nada; ni un libro al año. Esta degradación literaria se nota también en las encuestas realizadas al final de la primaria, donde observamos que en general un europeo de 15 años sobre cinco no sabe leer correctamente (es decir leer y entender el significado de un texto). Sin sorpresa, los niños de entornos desfavorecidos socialmente son los más afectados.

Se han tomado medidas al respecto, pero tardan en dar frutos. Los estados-miembros de la Unión Europea fijaron como meta disminuir a 15% la proporción de adolescentes con dificultades de lectura para el 2020. Ambiciosa meta, si consideramos que apenas 6 países de los 27 miembros la alcanzan hoy en día… En Francia, una ley de 2005 fijó la base común de conocimientos y de competencias que todo alumno debe dominar al final de su escolaridad obligatoria. Sin éxito; el aprendizaje no se decide legislando.

Entonces, ¿qué soluciones aportar al problema? Ciertas iniciativas interesantes nacieron y podrían ser llamadas a extenderse. Todas éstas son valiosas, pero lo seguro es que se debe actuar desde una temprana edad. Un niño que llega a la secundaria sin gusto o hábito de lectura, difícilmente será un lector en su vida adulta. Desde los años 90, la promoción del libro ha sido un eje principal de la política de la Unión Europea. Así es que varios países redujeron o quitaron los impuestos al consumo sobre los productos culturales, crearon múltiples premios y otorgaron becas para fomentar el consumo y la producción literaria. La UNESCO y el Consejo de Europea llevan a cabo campañas anuales de promoción de la lectura en los medios masivos. Estos mismos países europeos desarrollaron un dispositivo de ayuda en casa de los niños por parte de estudiantes universitarios, en presencia de los padres de familia, que está empezando a dar resultados. Permite centrarse sobre las necesidades individuales de cada niño fuera de la escuela que muchas veces lo desmotiva.

Tristemente, en Monterrey acceder a un libro resulta toda una hazaña si no se es estudiante. Consultar o comprar un libro debe ser planeado con atención, ya que requiere de tiempo para trasladarse hasta una de las pocas librerías o bibliotecas de la ciudad. Cuando trato de sacudir la consciencia de mis estudiantes menos dispuestos hacia la lectura, suelen oponerme tres clases de argumentos: “no me gusta leer” (o “me aburre leer”), “no tengo tiempo” y “los libros están muy caros”. El último argumento me parece ser el más válido, ya que efectivamente comprar un libro implica desembolsar una cantidad considerable para quienes ganan sueldos humildes. Sin embargo, las universidades gozan de maravillosas bibliotecas que proponen todo tipo de lectura que si se dan la pena de buscar encontrarán. Lo cual me lleva a mi respuesta al primer argumento: no creo que exista quien “no le guste leer”; probablemente se trata de jóvenes que aún no han encontrado el tipo de literatura que les guste, ni quien los guíe en una iniciación literaria. En cuanto a la falta de tiempo, es una total falsedad si consideramos que el 41% de la población ve televisión como principal actividad para ocupar su tiempo libre.

¿Pero cómo podríamos echarles la culpa cuando existen docentes que afirman explícitamente que tampoco leen? Sin padres ni maestros letrados, difícilmente los niños y los estudiantes van a acercarse por ellos mismos al libro, existiendo tantas diversiones tecnológicas que son el exacto opuesto al libro: proveedores de satisfacción exigua pero instantánea, fáciles de conseguir e intercambiar, económicos o gratuitos y disponibles desde cualquier punto…

La falta de lectores es un problema social y cultural, que influye directamente sobre la calidad del desarrollo de un país. Últimamente el presidente boliviano declaró que no le gustaba leer; en México, todos sabemos del vergonzoso episodio del candidato Peña Nieto en la FIL de Guadalajara incapaz de mencionar tres libros. Los otros partidos tampoco se salvan y muchos recordamos una de las primeras decisiones de su antecesor panista cuando llegó al poder en 2006, que fue quitarle presupuesto a la educación para dárselo al ejército.

Leer hace pensar y por eso libera; leer humaniza, permite ser crítico, autónomo, culto, y relaja todos los sentidos. Sin olvidar las virtudes de la lectura para escribir correctamente o aprender lenguas extranjeras. Si queremos educar a los habitantes de nuestros países para que se vuelvan ciudadanos comprometidos con sus comunidades, urge promover este maravilloso creador de felicidad que es la lectura.

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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Una respuesta a ¿El libro en peligro de extinción?

  1. Otra problemática es que muchos estudiantes y no estudiantes, inclusive hemos tenido que recurrir a la piratería para acceder a un buen libro. Que está muy caro en las librerías o no disponible en los pobres acervos de algunas bibliotecas locales. Declaro que yo misma he recurrido a estos medios, pues los libros que me interesan, casualmente se agotan o no se encuentran en la ciudad y uno tiene que recurrir también a la importación, a los resúmenes en internet o traerlo de la Ciudad de México, pues allá casualmente si los he encontrado. Éste es otro de los “impedimentos” para leer.

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