Europa, los hidrocarburos y la reforma energética


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La venta en julio de 34 generadores de energía eólica a México por parte del gigante industrial francés Alstom parece anecdótica en comparación con la polémica sobre la iniciativa de ley del gobierno federal sobre una posible reforma energética que modificaría la constitución y abriría el mercado nacional a la inversión privada extranjera. Hoy, propongo en esta columna algunas reflexiones sobre del manejo energético en Europa, que cada quien usará – o no – según su conveniencia. 

Algunos comentaristas europeos, como el periódico español El País, destacaron la necesidad de dicha reforma para asegurar el bienestar económico de México, mientras otros levantaron su voz para denunciar un peligroso proyecto de privatización. Lo seguro es que la posible reforma ofrecería nuevas oportunidades de negocios a los europeos.

El interés europeo por el petróleo del golfo de México no es nuevo. Primero, varios países quieren diversificar sus fuentes de energía para no depender exclusivamente de proveedores con los cuales tienen frecuentes tensiones geopolíticas (como Irán o Rusia) y que amenazan el suministro de petróleo y de gas que tanto necesitan. Luego, las empresas europeas ven en México una oportunidad de negocio. Por ejemplo, el español Repsol podría salir muy beneficiado, por los años que lleva colaborando con Gas Natural Fenosa y porque Pemex posee el 9.4% de su capital. Recordemos también la manera que tuvo la empresa italiana Saipem, junto con Repsol, de contornar el embargo norteamericano para sacar petróleo en aguas cubanas (usaron una plataforma especial, compuesta por menos del 10% de tecnología estadounidense). De igual manera, el gobierno cubano firmó acuerdos energéticos con otro europeo gran productor de petróleo: Noruega; un país que supo invertir en desarrollo tecnológico para dominar los desafíos que implica extraer el preciado producto en las condiciones complicadas del Mar del Norte y que podría servir de referente a México.

El país escandinavo cuenta sin embargo con una diferencia mayor respecto a México: si bien su economía se basa esencialmente sobre los hidrocarburos, el petróleo no constituye allá un símbolo de soberanía. Todo el contrario: el sistema noruego otorga los contratos de explotación de sus reservas al mejor candidato posible, sin importar su nacionalidad de origen. El éxito de su estrategia petrolera se traduce con el primer lugar en el índice de desarrollo humano de la ONU que ocupa el país, así como en su crecimiento anual alrededor de 3% y en su desempleo por debajo de 3%… ¡Y esto en un contexto de crisis aguda de sus socios europeos! Noruega alcanzó un nivel de vida elevado debido a que redistribuyeron la renta petrolera y los excedentes se utilizaron para inversiones a largo plazo, y no como caja chica del gobierno en turno como ha sucedido tantas veces en México.  

Ahora todos los focos están sobre Pemex, a pesar de que la empresa vaya en picada y que cargue con un fuerte atraso tecnológico desde hace muchos años. Durante la última década, su producción disminuyó de 25% y sin inversiones masivas ni transferencia de tecnología, no podrá sobrevivir la paraestatal que provee 40% del presupuesto federal. Pero más que tecnología, es visión que faltó a los sucesivos gobiernos. ¿Desde cuándo no dicen que el petróleo va a ser el motor del desarrollo del país? Después de 75 años de administración “nacional”, se manda todavía el petróleo a refinar en los Estados Unidos – ¡o hasta en la India! – porque es más fácil, en lugar de invertir en refinerías que obviamente tardarían años en ser construidas y la inversión se recuperaría en décadas. 

Hoy, se maneja la falta de rentabilidad de Pemex como un pretexto para abrir ciertos sectores a la iniciativa privada, sin tratar de aislar la raíz del problema ni preguntarse realmente si existe otra forma de remediar esta situación. Tomando en cuenta que Hacienda le cobra un 70% de impuestos a Pemex, ¿no habría forma de disminuir esta carga fiscal y usar los excedentes para cubrir parte de las inversiones en tecnología que requiere la paraestatal? En la situación actual, Pemex no puede competir con petroleras extranjeras.

Urge terminar con la coadministración que comparte la empresa con su corrupto sindicato y preocupa que Peña Nieto no haya mencionado esta situación una sola vez en su discurso. La experiencia de la venta de las últimas empresas públicas – algunas rentables y con un precio muy discutible – dejó el recuerdo, de una venta “entre cuates” y no se redistribuyeron totalmente estos recursos a la población, sino a la familia, al compadre, para pagar favores pasados… La población en su mayoría desconfía de sus dirigentes y cree que si se abre Pemex a la iniciativa privada no es por el interés nacional, sino por un provecho directo para quienes impulsan el proyecto.

Finalmente, me pareció triste que la propuesta energética del presidente apueste todo a la explotación de las reservas en aguas profundas del país y de gas shale – especialmente en el Norte (Chihuahua, Coahuila y Nuevo León) – y no considere nunca las energías renovables como alternativas serias, o solo para promocionarse en sus spots televisivos. Dónde el asunto se vuelve francamente cínico es cuando se habla del gas shale como de una energía no-contaminante; “olvidando” de paso mencionar que para acceder a esta energía “limpia” a más de 3 mil metros de profundidad, se tiene que contaminar suelo y subsuelo con substancias tóxicas y probablemente cancerígenas… Por esta razón, países europeos como Francia prohibieron su extracción y otros como el Reino Unido y Holanda propusieron una moratoria. 

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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Una respuesta a Europa, los hidrocarburos y la reforma energética

  1. El compadrazgo, es eso el lastre y el motor de las negociaciones. Lo más preocupante en el discurso de Peña Nieto es que ni siquiera las “reformas light” que propone, sugieren una reestructuración o cambio considerable, sino que es más bien otro discurso político con fines electoreros a mediano plazo (como todos los demás). No menos de hace una semana estaba leyendo un artículo sobre el uso de energías renovables en Europa, que nos deja muy mal parados a nivel internacional, por tener y no explotar éstas fuentes de energía limpia, con lo que también, se combatiría el monopolio petrolero eterno y la mala distribución de la riqueza.

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