Evaluación a maestros, una preocupación internacional


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Se ha dicho de todo y nada sobre la llamada « Reforma educativa » del gobierno federal y los cambios que prevé para los docentes de México. Me queda claro que esta “reforma” difícilmente mejorará la calidad del aprendizaje de los alumnos, sino que modificará las condiciones de trabajo de los docentes. Por ello, las protestas y los plantones han sido un tema recurrente en las noticias de las últimas seis semanas y toda clase de argumentos a favor o en contra de los maestros contestatarios fueron expuestos en los medios masivos o en las vías alternas de información.

Más que agregar otro comentario sobre la oportunidad de usar o no el chantaje como medio de negociación; o de usar cierta violencia para desalojar los manifestantes y apagar sus voces, me propongo hoy aportar mi humilde contribución al debate sobre uno de los puntos más controvertidos de la propuesta de “reforma”: la situación de la evaluación de los maestros. Conforme al propósito de este espacio, aportaré elementos de reflexión sobre cómo son evaluados en Europa; pues muchos colegas profesores y estudiantes en México me preguntaron cómo estaba la situación allá. Luego, usted tendrá la libertad de discutir la validez de estas experiencias como fuente de inspiración en el caso de México.

Europa conoció también evoluciones recientes respecto a la evaluación de sus docentes, orientándola hacia un mayor control de los profesores, y esto de varias maneras: evaluaciones internas por los alumnos, controles externos por expertos pedagógicos o por los responsables de las escuelas, autoevaluaciones, co-evaluaciones de los colegas… También se implementaron sistemas de recompensas e incitaciones para estimular a los mejores docentes. En Suecia por ejemplo, el jefe del establecimiento contribuye a definir el nivel de salario de los docentes según sus resultados: una parte del sueldo de cada maestro se calcula según “el mérito” que tiene, pero considerando sus condiciones de trabajo (factor que pelean los maestros mexicanos para que se tome en cuenta). De hecho, se reflexiona mucho en Europa, a través de proyectos conjuntos de investigación en educación comparada, sobre cómo evaluar eficazmente tomando en cuenta las situaciones educativas muy disparejas que existen. Si en México la enseñanza en zona metropolitana de Monterrey no tiene mucho que ver con la realidad laboral de los docentes de las zonas rurales de Oaxaca; en Europa también existen disparidades fuertes entre las escuelas rurales y las periurbanas, con grupos sobrecargados que enfrentan múltiples problemáticas de violencia, discriminación, racismo, y/o desigualdades socioeconómicas. La problemática es la misma que aquí: ¿cómo integrar estas diferentes realidades en las evaluaciones de la labor docente?

El inicio de una respuesta se podría encontrar en los países escandinavos que llaman particularmente la atención por sus excelentes resultados educativos. Finlandia, regularmente estampillado como “el mejor sistema educativo del mundo”, no tiene sistema nacional de evaluación de sus profesores. Al contrario, las escuelas son las responsables de las evaluaciones, tomando en cuenta las condiciones específicas de cada escuela. Los criterios que usan los directivos para evaluar a sus profesores incluyen los resultados escolares de sus estudiantes, la actualización de las competencias docentes, la capacidad de trabajo en grupo del maestro etc. Es interesante notar que todo esto se efectúa bajo la responsabilidad de la autoridad municipal. En Bélgica también existe un sistema similar. Obviamente, esto implica una formación de los directivos para que sepan aplicar evaluaciones objetivas y sustentadas.

El caso británico es muy sugestivo respecto a la apreciación de las actividades de los maestros, ya que propone un modelo único y muy desarrollado, que va mucho más allá de un simple examen de evaluación o de una observación en clase. En efecto, los agentes del ministerio observan las escuelas durante varias semanas y revisan todos los procesos administrativos y académicos para verificar que las escuelas funcionen según lo deseado. En caso de encontrar anomalías o puntos a mejorar, los funcionarios proponen soluciones y plan de acción a largo plazo. A los profesores que no obtienen buenos resultados se les ofrecen planes de capacitación, y si después de varias oportunidades no demuestran tener las habilidades requeridas para ser docentes, se les propone una formación para que encuentren empleo en otro sector de actividad.

En Francia, existen inspectores del Ministerio de Educación que entran a las clases de los profesores. Sin embargo, este sistema es parcialmente ineficiente, ya que un maestro solo es evaluado cada cinco años – a lo mucho – y durante un lapso de tiempo insuficiente para juzgar las competencias docentes de un maestro. 

La cuestión es compleja; especialmente porque en todas partes, los medios, el poder político y los sindicatos instrumentalizan a menudo la cuestión educativa. Lo seguro es que lo que no se evalúa difícilmente se mejora y que es necesario establecer un sistema de retroalimentación y de evaluación docente para asegurarse de la capacidad de los profesores a enseñar; también para crear las herramientas para excluir las personas que no deberían de estar al frente de grupos de jóvenes.

Obviamente, evaluar los maestros implica proponerles anteriormente una formación sólida para que tengan la oportunidad de desarrollar las herramientas, los conocimientos y las habilidades necesarias para ser buenos educadores. Toda evaluación, para docentes como para alumnos, debe ser fuente de aprendizaje, porque estudiar únicamente para aprobar un examen no sirve de nada. De igual manera, así como un buen maestro explica claramente cuáles son los objetivos y criterios de evaluación de su clase al inicio del ciclo escolar, un sistema de evaluación docente eficaz debe tener objetivos muy claros y una visión a largo plazo. Sólo así los profesores contribuirán a mejorar la calidad educativa del país. Lo seguro es que implementar una reforma educativa a la fuerza y sin la adhesión de los maestros nunca resultó en una mejora efectiva; aquí, en Europa, ni en ninguna parte del mundo. Evaluar debe incitar a mejorar y no servir para castigar. Y en el estado actual de la “reforma” en México, es poco probable que los cambios en la situación laboral de los maestros mejoren la educación.  

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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