Un ménage à trois tenebroso


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El pasado mes de febrero en la cumbre de Toluca se celebró / conmemoró / festejó (usted escogerá el término más adecuado según su grado de emoción respecto al evento) los 20 años del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) que entró en vigor en 1994. Mucha agua ha fluido bajo el puente del idealismo liberal que animaba en aquel entonces a Georges Bush padre y Carlos Salinas de Gortari, cuando en sus respectivos cargos de presidentes de los Estados Unidos y de México anunciaban “el renacimiento (…) de la águila mexicana” (Bush) y la “nueva grandeza mexicana” (Salinas).

20 años después, Barack Obama, Stephen Harper y Enrique Peña Nieto intentaron otra vez convencernos de las virtudes de un tratado sobrevendido desde hace ya mucho tiempo. En efecto, ni los empleos anunciados, ni el empujón hacia un mejor nivel de desarrollo humano de nuestro país se produjeron. Perfecto ejemplo de una sociedad imperfecta, el crecimiento en las inversiones y el comercio trilateral nunca volvieron realidad la prometida prosperidad. Por cierto, temo que otra vez el oficialismo esté “cacareando pero no poniendo huevo” hoy en día con la reforma energética. El antecedente del TLCAN nos otorga el derecho a no creerle nada a la propaganda presidencial actual que promete “crear nuevos empleos” y “bajar los precios de la luz y del gas”.

Al final de los noventas, México intentó fortalecer otra vez el desarrollo del país y diversificar su comercio exterior para no depender tanto de los Estados Unidos por medio de un acuerdo de libre comercio y de cooperación con la Unión Europea, que ofreció nuevas perspectivas al mercado nacional. Se preveía una explosión del comercio mexicano en el Viejo Continente; a la vez que los europeos se felicitaban de así poder penetrar más fácilmente el mercado norteamericano, estableciendo un ménage à trois hecho de intereses comunes y rivalidades entre los Estados Unidos, México y la Unión Europea. Sin embargo, nada de lo esperado sucedió y el comercio trasatlántico apenas creció de manera poco espectacular en ciertos sectores.

Ahora los Estados Unidos y la Unión Europea están negociando secretamente su Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP por sus siglas en inglés) que pudiera establecer una relación directa entre los dos gigantes que juntos representan más de la mitad de la riqueza mundial; lo que amenazaría con perjudicar de frente al comercio exterior mexicano. Consciente del riesgo, el ejecutivo mexicano intentó profundizar el TLCAN, a pesar del obvio rechazo de la idea por parte de sus supuestos socios, quienes prefieren orientar sus esfuerzos en concretizar un acuerdo Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) entre una docena de naciones – asiáticas principalmente. La competencia será ruda para México, que se verá muy amenazado en su rol de plataforma comercial entre Europa y América del Norte.  

Si México era una prioridad de la política exterior estadounidense dos décadas atrás y hasta 2001, queda claro ahora que nuestros vecinos-socios del Norte ven más hacia ambas orillas del Pacífico y del Atlántico que al Sur del Rio Grande. Y viendo fríamente dónde están sus intereses, no se les puede echar la culpa, pues los países asiáticos representan unos de los grandes mercados del siglo XXI, de los cuales además Europa está casi ausente y donde Estados Unidos podría instalarse duraderamente.

En estas consumidas relaciones trilaterales, México como Europa podrían encontrar un interés en común en defender las negociaciones multilaterales en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para no perder pie en el comercio mundial. Sin embargo, la relativa debilidad estadounidense, que ya no se encuentra con la fuerza necesaria para someter el sistema comercial mundial a sus reglas, hace parecer poco probable este escenario. ¿Qué posibilidades existen para México? Son varias; desde un acercamiento con países a características similares en Suramérica hasta una colaboración estrecha con China como lo desea el presidente Peña Nieto, pasando – ¿por qué no? – por un reforzamiento de los lazos con la Unión Europea, pues ya existe un Tratado muy completo entre las dos partes. Solo falta voluntad política y políticas públicas de incentivo a los actores de la “economía real” para pasar del acuerdo intergubernamental a la práctica comercial. 

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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Una respuesta a Un ménage à trois tenebroso

  1. Amelia dijo:

    En ese entonces daba miedo, ahora en el 2017, la incertidumbre esta…

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