¡Levántate, vieja Europa!


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En los últimos días, distintos colegas, periodistas y estudiantes al pendiente de la actualidad internacional manifestaron conmigo su inquietud y curiosidad acerca de las “elecciones europeas” que van a tener lugar este mes de mayo. Efectivamente, el próximo día 25 se renovarán los diputados que componen el Parlamento Europeo – única institución europea directamente elegida por los ciudadanos – con sede en la ciudad francesa de Estrasburgo. ¿De qué se trata realmente?

Para entender los alcances de dicha votación, es necesario no dejarse llevar por los términos engañosos que se manejan tradicionalmente respecto al tema. Primero que nada, si bien se escogen ese día a los representantes de los ciudadanos europeos, es menester precisar que los elegidos no gozan de los mismos poderes que tradicionalmente tienen los representantes de una cámara de diputados nacionales. En efecto, el papel del Parlamento Europeo es en gran parte subordinado a las decisiones que toman los verdaderos poderosos de la Unión Europea: los jefes de Estados y los miembros de la Comisión Europea (CE). Asimismo, los también llamados “Eurodiputados” no tienen poder de proponer reglamentación o leyes. En este rubro también son los Comisarios de la CE que llevan la batuta. En realidad, el único poder fuerte que tendrá el futuro Parlamento es aceptar, modificar o rechazar lo que se le presenta y nada más; siendo el nombramiento de los miembros de la Comisión (el privilegio de escoger sus amos, dirán algunos…) y el presupuesto plurianual de la Unión las dos principales decisiones en las que pueden opinar los diputados europeos. Muy raquítica potestad para una institución que pretende representar al conjunto de los ciudadanos europeos…

¿Cómo ubicar esta votación en el contexto de la mayor crisis económica de la historia que enfrenta la UE? Desgraciadamente vimos que detrás del oficialismo que nos las pintó como un mal necesario, las grandes decisiones de los últimos años para tratar de remediar a las dificultades de la Unión han sido tomadas de forma poco democrática. Hace por lo menos una década que los dirigentes europeos en su conjunto les dieron la espalda a los pueblos europeos; desde que concertaron el oligárquico Tratado de Lisboa entre ellos, a pesar del claro rechazo popular por referéndums de un proyecto similar un par de años antes. 

No solamente se dejó por completo fuera de la jugada a las poblaciones, pero ni siquiera los estados miembros fueron tomados en cuenta a la hora de decidir las políticas de austeridad y regateo de un bienestar social que caracterizaba a Europa en los ojos del resto del planeta. Básicamente, los decisores fueron Alemania y su canciller Merkel, secundada por los presidentes franceses Sarkozy y Hollande; juntos con los dirigentes de las instituciones financieras europeas (el Banco Central Europeo que administra el Euro) e internacionales (el Fondo Monetario Internacional).

En este contexto, lo más probable es que esta elección no modifique absolutamente nada del equilibrio de poderes en la Unión Europea. Lo relevante podría encontrarse en los resultados obtenidos por los partidos “Euro-escépticos” (contestatarios): nacionalistas, anticapitalistas y favorables a otro funcionamiento de la Unión en general. Estos son los que probablemente materializarán el rechazo de esta Europa institucionalizada en función de los intereses de los mismos que pusieron sus miembros más débiles al borde de la quiebra: la oligarquía financiera internacional.

Por lo tanto, estas elecciones son de primer interés para quien realmente no quiere ver morir el sueño europeo que Víctor Hugo expresaba en 1849: En el siglo XX habrá una nación extraordinaria (…) ilustre, rica, poderosa, culta, pacífica para el resto de la Humanidad… ella se llamará Europa y en los siglos siguientes, más aún transfigurará la Humanidad. 

Ahora en el siglo XXI necesitamos una nueva narrativa de esta Unión de 28 países que funciona de manera confusa y sin legitimidad. Precisamos seguir creando este lugar que incluya la expresión de la diversidad de las voces de nuestras identidades. Para que siga vigente el modelo europeo de civilización es necesario recuperar el sueño de los precursores de la Unión, hoy sacrificado en el altar del mercado para que se levante esta Europa que tanto tiene que ofrecer al mundo en términos de Paz, Estado de Derecho, multipolaridad, inversión, educación, prosperidad y derechos humanos; so pena de perder definitivamente la formidable atracción de la que – me consta – todavía goza la envejecida Europa en el mundo actual.

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Acerca de cronicaseuropeas

Observador de la actualidad europea. Profesor en la Universidad de Monterrey (UDEM, Monterrey, Nuevo León, México); catedrático en "Estudios Regionales de Europa" y "Sociedad y Cultura de Europa", titular de dos Maestría en Ciencias políticas y Relaciones Internacionales y de una especialidad de Maestría en Estudios internacionales. Empleado del Parlamento Europeo de 2002 a 2005.
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Una respuesta a ¡Levántate, vieja Europa!

  1. hvazquezt dijo:

    Me parece un artículo excelente, porque en pocas líneas, muy bien escritas por cierto, explica el significado y alcance del Parlamento Europeo, y pone énfasis en el verdadero poder de las decisiones en la Unión Europea: el sector financiero del conjunto de los 28 países de la Unión y del mundo (representado por el FMI). Gracias profesor, yo soy papá de Ma. Cecilia Vázquez

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