Ingrid y Manuel nos afectarán a todos

Ingrid y Manuel nos afectarán a todos

Las imágenes de la tormenta tropical Manuel y del huracán Ingrid que destrozaron parte de nuestro país fueron muy difundidas y comentadas en Europa, provocando una ola de sincera emoción y compasión por los afectados. Si bien el Viejo Continente no está exento de catástrofes naturales, sus fenómenos climatológicos no suelen ser tan violentos y afortunadamente no existen pérdidas humanas y consecuencias materiales tan dramáticas. Lo que determinó esta cobertura mediática inusual en Europa fue la extraordinaria coincidencia de dos fenómenos de esta naturaleza en un mismo momento. Pasado el choque emocional, y mientras las autoridades mexicanas empezaban los operativos de rescate de las poblaciones y de reconstrucción del país, las consecuencias a largo plazo de esta tragedia climática fueron analizadas por numerosos observadores europeos.

La más inmediata repercusión parece la más dura para las poblaciones desprotegidas: el aumento de los precios de los alimentos. En efecto, las lluvias destruyeron medio millón de hectáreas agrícolas y desde ahora se constata una multiplicación del precio de productos básicos como el tomate y el limón. En el caso de Acapulco, las secuelas del doble fenómeno meteorológico podrían ser fatales a la economía familiar, pues su atractivo turístico había sensiblemente disminuido desde hace varios años con la ola de violencia que pegaba la ciudad. Profesionales del turismo europeo señalan que sus clientes simplemente ya no contemplan la capital guerrerense como opción para vacacionar.

En general, el tema de los recursos preocupa: habrá que ver cómo los gobiernos consiguen los fondos suficientes para compensar las casi 2 millones de casas afectadas, así como las 2000 escuelas, las 75 carreteras federales, y el sinfín de puentes destrozados… La ejemplaridad de los rescatistas y la generosidad de la población que dona productos y dinero en los centros de acopio no serán suficientes para compensar los daños provocados. El plan nacional de reconstrucción parece poca cosa en comparación con lo necesario, por mucho empeño que ponga el presidente Peña Nieto en promoverlo. Es cierto que este plan comprende iniciativas necesarias aparte de las obras de reconstrucción, tal como las exenciones fiscales previstas para las PYMES y los créditos de tasa fija para las grandes empresas, pero como siempre en nuestro país preocupa que estos fondos especiales sean parcialmente desviados con fines personales…

Este tema financiero nos podría afectar a todos, inclusos los que no sufrimos daños directamente en nuestra persona o en nuestros bienes, pues Ingrid y Manuel impactarán sin duda el resultado de la economía nacional este año. Como lo prevén analistas del Crédit Suisse, la crisis minimizará el crecimiento económico, y esto nos afectará a todos por las consecuencias sobre el empleo, las ganancias, las prestaciones sociales, la presión fiscal, etc. Por ejemplo, se estima que la reparación de las carreteras requerirá aproximadamente 40 mil millones de pesos; y únicamente en el Estado de Guerrero, las destrucciones costarán casi 5 mil millones de pesos según su gobernador. El problema es que la Secretaria de Hacienda explicó que su presupuesto para compensar las catástrofes naturales es de solo 12 mil millones de pesos y el mismo presidente reconoció que no será suficiente…

Habrá que ver en qué medida los ciclones pesan sobre la agenda de reformas del gobierno federal, ya que este desastre vino a agregarse a la fuerte tensión social que azotó el país en las últimas semanas y que no pinta por disminuir si como lo hemos de suponer, se decide que las recetas fiscales del país – nuestros impuestos – tendrán que aumentar para compensar las destrucciones. Probablemente se tendrá que ajustar a la alza el precio del petróleo y esperar que sus altos precios no disminuyan… Todo esto en un contexto de depresión macroeconómica con dos revisiones a la baja de la perspectiva de crecimiento para este año 2013. Desgraciadamente, parece ser que los partidos tratan de forma innoble de sacar ventajas partidistas de la desgracia del pueblo, pues ya empezaron a pelear para descreditarse mutuamente acerca de si sí se emitió la alarma a tiempo o no por parte de las autoridades (olvidando que en este caso están responsables tanto las dependencias federales que las estatales y las locales).

En este contexto de crisis generalizada, resulta más que difícil entender la apertura del Parque Nacional del Nevado Toluca que decidió recientemente el presidente Peña sin ningún debate público, pues permitirá la instalación de poblados en las faldas de la montaña; cuando Ingrid y Manuel vinieron precisamente a recordarnos que las zonas habitadas de las áreas naturales son las más vulnerables durante las catástrofes (recuerden también los destrozos y las víctimas de Alex en las personas que vivían en zonas inadaptadas). ¿Quién se hará responsable de los eventuales muertos en esta zona si vuelve a suceder un acontecimiento climático de tal magnitud?

Ahora empieza el desafío de la reconstrucción. ¡Y vaya que constituye un gran reto! Por ejemplo, vimos en Monterrey que todavía no se compensan los daños provocados por Alex en 2010 y que después de aquel huracán, varias obras públicas “reconstruidas” fueron de nuevo destrozadas a las primeras lluvias intensas. Por lo pronto, urge mejorar la situación de los damnificados, especialmente los ubicados en zonas rurales, pues en cualquier momento pueden llegar nuevas depresiones del Pacífico y las consecuencias de los frentes fríos se empiezan a sentir.

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Evaluación a maestros, una preocupación internacional

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Se ha dicho de todo y nada sobre la llamada « Reforma educativa » del gobierno federal y los cambios que prevé para los docentes de México. Me queda claro que esta “reforma” difícilmente mejorará la calidad del aprendizaje de los alumnos, sino que modificará las condiciones de trabajo de los docentes. Por ello, las protestas y los plantones han sido un tema recurrente en las noticias de las últimas seis semanas y toda clase de argumentos a favor o en contra de los maestros contestatarios fueron expuestos en los medios masivos o en las vías alternas de información.

Más que agregar otro comentario sobre la oportunidad de usar o no el chantaje como medio de negociación; o de usar cierta violencia para desalojar los manifestantes y apagar sus voces, me propongo hoy aportar mi humilde contribución al debate sobre uno de los puntos más controvertidos de la propuesta de “reforma”: la situación de la evaluación de los maestros. Conforme al propósito de este espacio, aportaré elementos de reflexión sobre cómo son evaluados en Europa; pues muchos colegas profesores y estudiantes en México me preguntaron cómo estaba la situación allá. Luego, usted tendrá la libertad de discutir la validez de estas experiencias como fuente de inspiración en el caso de México.

Europa conoció también evoluciones recientes respecto a la evaluación de sus docentes, orientándola hacia un mayor control de los profesores, y esto de varias maneras: evaluaciones internas por los alumnos, controles externos por expertos pedagógicos o por los responsables de las escuelas, autoevaluaciones, co-evaluaciones de los colegas… También se implementaron sistemas de recompensas e incitaciones para estimular a los mejores docentes. En Suecia por ejemplo, el jefe del establecimiento contribuye a definir el nivel de salario de los docentes según sus resultados: una parte del sueldo de cada maestro se calcula según “el mérito” que tiene, pero considerando sus condiciones de trabajo (factor que pelean los maestros mexicanos para que se tome en cuenta). De hecho, se reflexiona mucho en Europa, a través de proyectos conjuntos de investigación en educación comparada, sobre cómo evaluar eficazmente tomando en cuenta las situaciones educativas muy disparejas que existen. Si en México la enseñanza en zona metropolitana de Monterrey no tiene mucho que ver con la realidad laboral de los docentes de las zonas rurales de Oaxaca; en Europa también existen disparidades fuertes entre las escuelas rurales y las periurbanas, con grupos sobrecargados que enfrentan múltiples problemáticas de violencia, discriminación, racismo, y/o desigualdades socioeconómicas. La problemática es la misma que aquí: ¿cómo integrar estas diferentes realidades en las evaluaciones de la labor docente?

El inicio de una respuesta se podría encontrar en los países escandinavos que llaman particularmente la atención por sus excelentes resultados educativos. Finlandia, regularmente estampillado como “el mejor sistema educativo del mundo”, no tiene sistema nacional de evaluación de sus profesores. Al contrario, las escuelas son las responsables de las evaluaciones, tomando en cuenta las condiciones específicas de cada escuela. Los criterios que usan los directivos para evaluar a sus profesores incluyen los resultados escolares de sus estudiantes, la actualización de las competencias docentes, la capacidad de trabajo en grupo del maestro etc. Es interesante notar que todo esto se efectúa bajo la responsabilidad de la autoridad municipal. En Bélgica también existe un sistema similar. Obviamente, esto implica una formación de los directivos para que sepan aplicar evaluaciones objetivas y sustentadas.

El caso británico es muy sugestivo respecto a la apreciación de las actividades de los maestros, ya que propone un modelo único y muy desarrollado, que va mucho más allá de un simple examen de evaluación o de una observación en clase. En efecto, los agentes del ministerio observan las escuelas durante varias semanas y revisan todos los procesos administrativos y académicos para verificar que las escuelas funcionen según lo deseado. En caso de encontrar anomalías o puntos a mejorar, los funcionarios proponen soluciones y plan de acción a largo plazo. A los profesores que no obtienen buenos resultados se les ofrecen planes de capacitación, y si después de varias oportunidades no demuestran tener las habilidades requeridas para ser docentes, se les propone una formación para que encuentren empleo en otro sector de actividad.

En Francia, existen inspectores del Ministerio de Educación que entran a las clases de los profesores. Sin embargo, este sistema es parcialmente ineficiente, ya que un maestro solo es evaluado cada cinco años – a lo mucho – y durante un lapso de tiempo insuficiente para juzgar las competencias docentes de un maestro. 

La cuestión es compleja; especialmente porque en todas partes, los medios, el poder político y los sindicatos instrumentalizan a menudo la cuestión educativa. Lo seguro es que lo que no se evalúa difícilmente se mejora y que es necesario establecer un sistema de retroalimentación y de evaluación docente para asegurarse de la capacidad de los profesores a enseñar; también para crear las herramientas para excluir las personas que no deberían de estar al frente de grupos de jóvenes.

Obviamente, evaluar los maestros implica proponerles anteriormente una formación sólida para que tengan la oportunidad de desarrollar las herramientas, los conocimientos y las habilidades necesarias para ser buenos educadores. Toda evaluación, para docentes como para alumnos, debe ser fuente de aprendizaje, porque estudiar únicamente para aprobar un examen no sirve de nada. De igual manera, así como un buen maestro explica claramente cuáles son los objetivos y criterios de evaluación de su clase al inicio del ciclo escolar, un sistema de evaluación docente eficaz debe tener objetivos muy claros y una visión a largo plazo. Sólo así los profesores contribuirán a mejorar la calidad educativa del país. Lo seguro es que implementar una reforma educativa a la fuerza y sin la adhesión de los maestros nunca resultó en una mejora efectiva; aquí, en Europa, ni en ninguna parte del mundo. Evaluar debe incitar a mejorar y no servir para castigar. Y en el estado actual de la “reforma” en México, es poco probable que los cambios en la situación laboral de los maestros mejoren la educación.  

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Siria, la división europea y México

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 En medio de las múltiples polémicas por las propuestas de reformas del gobierno mexicano que ocupan la mayor parte del espacio informativo en los medios masivos, empieza a cobrar más importancia y preocupación la situación en Siria. Y esto no es para menos. Sin embargo, bien perspicaz es quién podrá predecir lo que pasará con el país del Medio Oriente, tan enredada y compleja parece la situación que nadie se pone de acuerdo acerca de la oportunidad de atacar o no al régimen del dictador Bashar al-Assad.

La voluntad de Obama de atacar algunos blancos estratégicos sirios sólo encontró el apoyo del presidente francés François Hollande. Curiosa alianza de dos países que súbitamente recordaron una amistad pasada y curioso apoyo del país galo, que hace unos meses luchaba en Malí contra islamistas similares a los que hoy apoya frente a al-Assad. Otros de los aliados tradicionales de los Estados Unidos, como Alemania, se rehúsan a participar a una eventual operación, y – anomalía histórica que merece ser subrayada – el parlamento británico votó en contra de cualquier ataque a Siria, y por lo tanto en contra de Obama. Al contrario, como era predecible, Rusia argumentó que esta situación debería discutirse y resolverse exclusivamente por medio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esta última opinión me parece totalmente justificada porque apegada al derecho internacional; sin embargo el mundo contemporáneo sustituyó en gran medida el derecho por la moral y constatamos que ciertos muertos “pesan” más que otros (especialmente según el tratamiento mediático al que tienen derecho). Basta con prender los noticieros de las grandes televisoras mexicanas para ver que la emoción es la que manda en el espacio “informativo” y para decidir apoyar o no una intervención militar. ¿Quién se preocupó de los más de mil muertos en la casi guerra civil egipcia? Ah, claro, no fueron muertos asesinados con armas químicas, pero por el ejército. ¿Es esto mejor? Lejos de mí la idea de defender a un dictador sanguinario como al-Assad, pero me parece necesario restablecer la realidad de los hechos. Incontestablemente Bashar al-Assad es un tirano autoritario, pero siendo realista políticamente hablando, también es un dirigente laico que les marcó el alto a los islamistas y mantuvo la unidad de su país. ¿Qué sucederá si un día los “rebeldes” fundamentalistas llegan al poder y controlan el almacén de armas químicas?

Por otro lado, si atacáramos todos los estados dirigidos por regímenes autoritarios poco preocupados por los derechos humanos, no terminaríamos nunca de estar en guerra… Una coalición de países fuertemente armados no puede atacar a otros con suposiciones; se debe contar con pruebas indudables. A la hora de redactar estas líneas, el debate gira en torno a las supuestas pruebas que demostrarían que el ejército sirio hubiera usado armas químicas en contra de su población, despertando inmediatamente la falsa indignación de los dirigentes occidentales ávidos de pretextos para legitimar un ataque hacia al-Assad. Sin embargo, subsisten fuertes dudas sobre la realidad de estas acusaciones. Recordemos la situación grotesca de Colin Powell, jefe de la política exterior estadounidense en aquel entonces, que declaraba “We´ve got the evidence” (“Tenemos la prueba”) en la ONU en 2003 para legitimar su invasión de Irak cuando en realidad no tenía absolutamente nada. Parece que la historia tartamudea una vez más. Incluso considerando la hipótesis del uso de armas químicas por parte del ejército de al-Assad, los occidentales tendríamos que preguntarnos dónde los Sirios consiguieron los recursos necesarios a su elaboración. Por ejemplo, quedó demostrado que los británicos tienen una responsabilidad en este ámbito, ya que le vendieron a Siria las materias primas hasta… el año pasado, cuando la guerra civil ya había estrellado más de 10 meses antes.

Peor aún, los oponentes al presidente sirio fueron quienes usaron armas químicas hace unas semanas. Además, otro actor fundamental en la región – Israel – sí reconoció haber usado armas similares en Gaza en 2009, sin levantar más que “protestas oficiales” en su contra. Entonces, ¿existe un mismo criterio para juzgar a los diferentes protagonistas de las tensiones en Oriente Medio?

Por el momento, definitivamente no hay razones por intervenir en esta guerra civil étnica y religiosa. Los países europeos y Francia especialmente (por sus vínculos históricos con Siria), al contrario, pudieran haber jugado el papel de un intermediario entre las diferentes facciones en lucha y los países que las apoyan (Rusia, Irán y China de un lado; Estados Unidos y los petroestados del Medio Oriente del otro). Nada bueno saldrá de un ataque a Siria, así como poco bueno salió de las injerencias extranjeras en Kosovo, en Irak o en Libia.

Ahora bien, ¿afectaría a México un conflicto internacional en Siria? Esta duda constituyó una de las más de 70 preguntas que formularon los participantes a la conferencia del economista mundialmente conocido Joseph Stiglitz, después de su conferencia magistral en Cintermex la semana pasada. Fuerte de sus asombrosos conocimientos y de su labia bien conocida, el también ganador del Nobel de su categoría en 2001 contestó en un tono bromista que le vendría bien a México, pues aumentaría muy probablemente la demanda – y por lo tanto el precio – del petróleo mexicano en los mercados mundiales. Efectivamente, podemos constatar este fenómeno mecánico en los mercados.

Sin negar la lógica de este juego de palabras, creo interesante aportar un complemento de reflexión a lo que me pareció ser una pregunta muy sensata. En efecto, las economías mundiales se contrajeron por la tensión en Medio Oriente. Indirectamente, un país muy globalizado como México se verá de alguna forma u otra afectado por las fuertes bajas de las bolsas mundiales. Cuidado especialmente con los famosos capitales volátiles, que buscan en los mercados emergentes la fuerte rentabilidad que no pueden encontrar en los países desarrollados que ofrecen menos oportunidades de beneficio inmediato. En caso de inestabilidad confirmada de los mercados por la tensión en Siria, los banqueros que mueven estos capitales no dudarán en retirarlos repentinamente de los países emergentes como México, creando así desequilibrios que potencialmente nos afectarían a todos. Esperemos que en este rumbo no se repita la bien conocida historia de nuestro país.

 

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Europa, los hidrocarburos y la reforma energética

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La venta en julio de 34 generadores de energía eólica a México por parte del gigante industrial francés Alstom parece anecdótica en comparación con la polémica sobre la iniciativa de ley del gobierno federal sobre una posible reforma energética que modificaría la constitución y abriría el mercado nacional a la inversión privada extranjera. Hoy, propongo en esta columna algunas reflexiones sobre del manejo energético en Europa, que cada quien usará – o no – según su conveniencia. 

Algunos comentaristas europeos, como el periódico español El País, destacaron la necesidad de dicha reforma para asegurar el bienestar económico de México, mientras otros levantaron su voz para denunciar un peligroso proyecto de privatización. Lo seguro es que la posible reforma ofrecería nuevas oportunidades de negocios a los europeos.

El interés europeo por el petróleo del golfo de México no es nuevo. Primero, varios países quieren diversificar sus fuentes de energía para no depender exclusivamente de proveedores con los cuales tienen frecuentes tensiones geopolíticas (como Irán o Rusia) y que amenazan el suministro de petróleo y de gas que tanto necesitan. Luego, las empresas europeas ven en México una oportunidad de negocio. Por ejemplo, el español Repsol podría salir muy beneficiado, por los años que lleva colaborando con Gas Natural Fenosa y porque Pemex posee el 9.4% de su capital. Recordemos también la manera que tuvo la empresa italiana Saipem, junto con Repsol, de contornar el embargo norteamericano para sacar petróleo en aguas cubanas (usaron una plataforma especial, compuesta por menos del 10% de tecnología estadounidense). De igual manera, el gobierno cubano firmó acuerdos energéticos con otro europeo gran productor de petróleo: Noruega; un país que supo invertir en desarrollo tecnológico para dominar los desafíos que implica extraer el preciado producto en las condiciones complicadas del Mar del Norte y que podría servir de referente a México.

El país escandinavo cuenta sin embargo con una diferencia mayor respecto a México: si bien su economía se basa esencialmente sobre los hidrocarburos, el petróleo no constituye allá un símbolo de soberanía. Todo el contrario: el sistema noruego otorga los contratos de explotación de sus reservas al mejor candidato posible, sin importar su nacionalidad de origen. El éxito de su estrategia petrolera se traduce con el primer lugar en el índice de desarrollo humano de la ONU que ocupa el país, así como en su crecimiento anual alrededor de 3% y en su desempleo por debajo de 3%… ¡Y esto en un contexto de crisis aguda de sus socios europeos! Noruega alcanzó un nivel de vida elevado debido a que redistribuyeron la renta petrolera y los excedentes se utilizaron para inversiones a largo plazo, y no como caja chica del gobierno en turno como ha sucedido tantas veces en México.  

Ahora todos los focos están sobre Pemex, a pesar de que la empresa vaya en picada y que cargue con un fuerte atraso tecnológico desde hace muchos años. Durante la última década, su producción disminuyó de 25% y sin inversiones masivas ni transferencia de tecnología, no podrá sobrevivir la paraestatal que provee 40% del presupuesto federal. Pero más que tecnología, es visión que faltó a los sucesivos gobiernos. ¿Desde cuándo no dicen que el petróleo va a ser el motor del desarrollo del país? Después de 75 años de administración “nacional”, se manda todavía el petróleo a refinar en los Estados Unidos – ¡o hasta en la India! – porque es más fácil, en lugar de invertir en refinerías que obviamente tardarían años en ser construidas y la inversión se recuperaría en décadas. 

Hoy, se maneja la falta de rentabilidad de Pemex como un pretexto para abrir ciertos sectores a la iniciativa privada, sin tratar de aislar la raíz del problema ni preguntarse realmente si existe otra forma de remediar esta situación. Tomando en cuenta que Hacienda le cobra un 70% de impuestos a Pemex, ¿no habría forma de disminuir esta carga fiscal y usar los excedentes para cubrir parte de las inversiones en tecnología que requiere la paraestatal? En la situación actual, Pemex no puede competir con petroleras extranjeras.

Urge terminar con la coadministración que comparte la empresa con su corrupto sindicato y preocupa que Peña Nieto no haya mencionado esta situación una sola vez en su discurso. La experiencia de la venta de las últimas empresas públicas – algunas rentables y con un precio muy discutible – dejó el recuerdo, de una venta “entre cuates” y no se redistribuyeron totalmente estos recursos a la población, sino a la familia, al compadre, para pagar favores pasados… La población en su mayoría desconfía de sus dirigentes y cree que si se abre Pemex a la iniciativa privada no es por el interés nacional, sino por un provecho directo para quienes impulsan el proyecto.

Finalmente, me pareció triste que la propuesta energética del presidente apueste todo a la explotación de las reservas en aguas profundas del país y de gas shale – especialmente en el Norte (Chihuahua, Coahuila y Nuevo León) – y no considere nunca las energías renovables como alternativas serias, o solo para promocionarse en sus spots televisivos. Dónde el asunto se vuelve francamente cínico es cuando se habla del gas shale como de una energía no-contaminante; “olvidando” de paso mencionar que para acceder a esta energía “limpia” a más de 3 mil metros de profundidad, se tiene que contaminar suelo y subsuelo con substancias tóxicas y probablemente cancerígenas… Por esta razón, países europeos como Francia prohibieron su extracción y otros como el Reino Unido y Holanda propusieron una moratoria. 

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La pobreza, terreno fértil para la violencia

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Esta semana, encontré un par de datos funestos que me llamaron mucho la atención: el número de homicidios cometidos en un año en México es equivalente al total de los homicidios cometidos en todo el continente europeo; y por otra parte la tasa de homicidios es diez veces superior en México a la del promedio de los países de la OCDE – el club de los “más ricos del mundo” al que ingresó México en 1994. Por lo que me di a la tarea de analizar estas noticias.

La pobreza y las desigualdades en la repartición de la riqueza nacional agravan la crisis de seguridad que atraviesa el país. No significa que por tener carencias socioeconómicas uno vaya a ser mecánicamente violento, pero la pobreza crea un terreno fértil sobre el cual la violencia prospera fácilmente. No es casualidad que Guerrero sea un estado de los más pobres y de los más violentos a la vez. A pesar de la disminución de la pobreza extrema, el problema de inseguridad no está ni cerca de resolverse ya que medio millón de personas cayeron en la pobreza en los últimos dos años en todo el país.

Las principales razones de la violencia se encuentran en el aumento de la pobreza, mezclado con una fuerte frustración social de quienes sienten que no existen las suficientes oportunidades para ellos. Especialmente en nuestras grandes ciudades del Norte, donde coexisten la opulencia y las carencias en el mismo reducido espacio urbano, creando un resentimiento entre los que no nacieron “del buen lado de la barda”. Tampoco es casualidad que el muy urbanizado Estado de México haya sido el de más homicidios en valor absoluto el año pasado. Los espacios periurbanos desfavorecidos son los que fueron abandonados por el Estado y sus instituciones: escuelas descuidadas, seguridad pública ineficiente y rebasada por la delincuencia, precariedad en la salud y las viviendas…

A pesar del optimismo permanente de los dirigentes políticos en turno que presumen sus “logros” en materia de seguridad y de la ligera baja en la tasa de homicidios que comunicó el INEGI el mes pasado, no podemos negar que estamos viviendo una realidad particularmente violenta. Imagino desde ahora los múltiples contra-argumentos que me podrían oponer los aferrados a decirnos que todo está bien, que los gobiernos federal, estatal y municipales están a la obra y que los medios son quienes exageran esta situación. Hasta se pueden encontrar cifras para afirmar que la situación del país va mejorando en términos de seguridad. Leí así el comentario de un observador que recordaba que los índices de violencia del Salvador o de Honduras son muy superiores a los de México.

Estadística innegable, pero si nos comparamos con los países de la OCDE, la constatación es opuesta: México se encuentra en el antepenúltimo lugar sólo antes de Brasil y la India. Yo no sé si saber que existe peor que nosotros debe hacernos sentir mejor, más en seguridad o incluso orgullosos, pero sí constato que simplemente en el último sexenio se duplicaron las cifras de asesinatos respecto al sexenio anterior.

Para complicar esta situación, la Unión Europea (UE) decidió reducir y suprimir la tradicional ayuda que concedía a México para cooperar al financiamiento de sus programas de desarrollo. En el último sexenio, la UE invirtió así 1,600 millones de pesos en programas de cohesión social, y además repartió apoyos para PyMES, fundaciones, Organizaciones sociales No Gubernamentales y Asociaciones Civiles. Sin embargo, la Comisión Europea acordó otorgar estas subvenciones a naciones aún más pobres que México, argumentando que nuestro país ya ingresó a la categoría de país de ingreso medio superior de la OCDE. Que los dirigentes europeos decidieron dejar de financiar parte de los programas sociales de México no significa que niegan la situación de necesidad que viven decenas de millones de mexicanos. Simplemente, afirman que existen las condiciones suficientes para que el gobierno federal resuelva estas cuestiones y que si los recursos están tan desigualmente repartidos, no es problema suyo. Esta postura se entiende; tan desesperante que resulta ver crecer la riqueza nacional año tras año sin resultado tajante en la mejora de la calidad de vida de la mayoría de los ciudadanos. 

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La reactivación de las relaciones franco-mexicanas

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 2013 será marcado en la política exterior mexicana como el año de la normalización de las relaciones bilaterales entre Francia y México, después de siete años de desastre diplomático marcados por el conflicto alrededor de Florence Cassez y la cancelación del Año de México en Francia en 2011.

Azar del calendario o elección simbólica, el secretario de relaciones exteriores francés, Laurent Fabius, estuvo de visita oficial en nuestro país el día 14 de julio, celebrando en tierras mexicanas la fiesta nacional francesa de conmemoración de la toma de la Bastilla durante la Revolución Francesa.

Esta visita sirvió también de pretexto para formalizar los detalles de la visita del presidente francés François Hollande el próximo año, con el fin de reactivar las relaciones entre ambos países. Por ello, acordaron crear un Consejo Estratégico franco-mexicano, encabezado por el ex secretario de relaciones exteriores del gobierno Fox, Jorge Castañeda.

Así es como vemos los primeros frutos de la nueva relación entre los presidentes Peña Nieto y Hollande – que coincidieron en su llegada al poder el año pasado – y que se perfilaban desde la visita del mandatario mexicano en Europa.

Fuera del comprensible resentimiento que todavía existe en cierta franja de la población en contra de las autoridades que liberaron a Cassez después de un probable acuerdo político, es innegable que este acercamiento corresponda a una decisión de Realpolitik que si bien es criticable por lo ocurrido con Cassez, no deja de ser necesario. ¿O tenían que quedarse eternamente congeladas las relaciones bilaterales? En efecto, muchos son los beneficios que se pueden esperar de esta reactivación; siempre y cuando no se quede a nivel de palabras y acuerdos oficiales, como desgraciadamente sucedió más de una vez en las últimas dos décadas de relaciones euro-mexicanas.

Esperemos que las próximas cooperaciones implementadas vayan más allá del mero aspecto comercial; ya que si bien las oportunidades de inversión crean valor y bienestar, sería muy deseable atender también de otras formas a las poblaciones. Por ejemplo, Francia es el tercer país en recibir estudiantes mexicanos, y un cuarto de millón de estudiantes aprenden el idioma francés. Del mismo modo, un medio millón de viajeros visitaron el país galo el año pasado. También existen muchas sinergias académicas y tecnológicas entre instituciones de investigación y empresas de ambos países.

 

Otro claro ejemplo de un campo en el que México tendría mucho que ganar de esta cooperación es la industria ferroviaria, en la que Francia cuenta con una larga trayectoria y saber-hacer (así como en su tiempo se construyó el metro de la ciudad de México con la asesoría de una empresa francesa). Ojalá sea la ocasión para desarrollar aquí una red de trenes tanto de mercancías que de personas, resolviendo así parte de los problemas de contaminación, de accidentes y de enfermedades ocasionados por el exceso de tráfico en las grandes metrópolis y permitiendo mejores tiempos de traslado y costos menores. La otra gran ventaja del tren es que su costo y gasto de energía es menor que el transporte vial. En un país tan grande, sería de beneficio tanto para las empresas como para los ciudadanos el poder disfrutar de una red ferroviaria eficiente. El país galo ofrece una multitud de ejemplos de los favores que otorga una red ferroviaria moderna: el trayecto entre París y Marsella, separadas por una distancia de casi 800 km – la distancia entre Monterrey y Guadalajara –, se recorre en apenas 3 horas, contra 11h horas en autobús entre las capitales de Nuevo León y Jalisco…                                                         

Lo sorprendente de esta situación es que desde el inicio del siglo XX se habla de tal proyecto pero jamás ha visto la luz, probablemente porque implicaría muchos años de construcción y que el presidente que mande a hacer semejante red no sería el que la inauguraría… Sin embargo, es necesario cambiar este esquema de pensamiento y compensar esa falta de voluntarismo político por un plan de desarrollo a muy largo plazo, ya que nuestras carreteras nacionales están muy saturadas; nuestra ciudad de Monterrey es un excelente ejemplo de aquello. Además, con el desarrollo del poder adquisitivo de la clase media mexicana, el número de coches en circulación irá en fuerte aumento en las próximas décadas.

Si se agrega la mala calidad de las carreteras – sin mencionar su alto costo por kilómetro – es obvio que existen aún más razones de esperar que nuestras autoridades tengan visión para mínimo debatir este tema en el espacio público.

 

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Espionaje mundial, la falsa indignación

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Ya salió al escenario mundial que la National Security Agency de los Estados Unidos espía al resto del mundo, incluso a sus más cercanos aliados teóricos entre los cuales se encuentran México, India, Turquía, Japón (…) y varios países europeos; especialmente Alemania (¡500 millones de comunicaciones espiadas nada más durante el mes de diciembre 2012!), y también Italia o Francia. ¿Pero es realmente una sorpresa esta revelación hecha por el ex-agente estadounidense Edward Snowden?

Si bien es altamente criticable la existencia de un programa espía por parte de un país que proclama la libertad de expresión como uno de los pilares de su nación, no deja de sorprender la fingida indignación con la que reaccionaron los países “afectados”.  

Berlín juzgó “inaceptable” este sistema que recuerda “la Guerra Fría”. A su vez, el Parlamento Europeo adoptó una resolución en la que “condena vivazmente el espionaje de representaciones de la Unión Europea”, subrayando que este asunto “sería de naturaleza a afectar las relaciones trasatlánticas”. Pero no todos reaccionaron tan firmemente… Algunos estados europeos – como Francia – se indignaron hipócritamente haciéndose las víctimas, ¡aún y cuando se sabe que ellos mismos proceden de la misma forma con sus ciudadanos! Efectivamente, desde que salió a la luz pública el “escándalo” del espionaje estadounidense, se demostró lo que ya se suponía: muchos países europeos también captan todas las señales electromagnéticas emitidas por las computadoras y los celulares de sus paisanos, y esto en la más absoluta ilegalidad. Todos tienen sus orejas atentas a lo que pasa en otros países…

¿O a poco era razonable pensar que los servicios secretos británicos, franceses, israelís … e incluso los de Obama, que tanto alabamos cuando nos permiten desmantelar una red terrorista o capturar a Bin Laden, sólo iban a espiar a países no-occidentales? Creer esto equivaldría a tener una visión geopolítica binaria del mundo, digna de Georges Bush, con un “nosotros” los “buenos”, opuesto a un “ellos” que compondrían el “eje del mal”.

En realidad, Snowden solo confirmó lo que se temía, y no es sorprendente ya que pocos son los países que realmente han sido totalmente fieles a la política exterior de los Estados Unidos en los últimos años. Salvo algunos tradicionalmente alineados sobre las “directivas” que reciben de Washington – como Canadá, Australia y el Reino Unido – muchos de los “socios” y “aliados” europeos de la primera potencia mundial han tenido roces y discrepancias con ella en los últimos años. Basta recordar la firme oposición de Francia y Alemania a la guerra en Irak… En este contexto, no es ninguna sorpresa que también estos países sean blancos de escuchas secretas.

México, de su lado, simplemente anunció que iba a resolver el asunto del espionaje de su embajada directamente con el gobierno de su vecino. Para el país azteca, las revelaciones tampoco deberían ser sorpresivas, ya que tiene pruebas de que fue espiado por Canadá en los años 90 durante la negociación del TLC, así como en 2004 por los Estados Unidos cuando buscaba una salida diplomática de compromiso al conflicto iraquí. Al final, Arturo Sarukhán, el ex embajador de México en Estados Unidos es quien reaccionó de la manera más sensata cuando explicó que “es ingenuo pensar que a uno no lo están escuchando”.

Veremos ahora si algún país europeo demuestra defender verdaderamente la libertad y la confidencialidad de la información que tanto reclaman, dándole asilo a Snowden. Este acto indicaría que el premio Nobel de la Paz que recibió la Unión Europea el año pasado por “su contribución a la promoción de la paz, la democracia y los derechos humanos” fue más merecido de lo que algunos pensamos en aquel entonces. 

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